Grandes mentiras, mentirijillas e infamias sobre vacunas

Recientemente, el aclamado historiador Timothy Snyder ha reflexionado sobre el asalto al Capitolio y el poder de las mentiras, rememorando el famoso concepto de la «gran mentira», técnica que tiene como objetivo difundir una mentira tan «descomunal» que nadie sea capaz de creer que alguien «haya tenido la desfachatez de distorsionar la verdad de manera tan infame».

Un ejemplo histórico es la mentira de que Alemania en realidad no perdió la Primera Guerra Mundial, sino que recibió una puñalada por la espalda. Esta afirmación fue esencial para sembrar la semilla del resentimiento, lo que, a su vez, permitió el auge del fascismo. Relacionadas con ella están las inextricables mentiras antisemitas de esos días, igualmente notorias: los judíos gobiernan el mundo en secreto y controlan los bancos, la industria y los medios de comunicación, a la vez que diversos judíos prominentes organizan revoluciones de colores. Da que pensar descubrir que nuestra base de datos muestra que, en los últimos años, estas narrativas están volviendo a resurgir.

Las grandes mentiras tienen un gran poder de división. Al analizar el asalto al Capitolio, Snyder señala que, para entender un mundo en el que se han robado las elecciones presidenciales, es necesario desconfiar del periodismo, los expertos y los gobiernos. Están todos involucrados, desde los que cuentan los votos hasta el Tribunal Supremo, pasando por un funcionario de seguridad nacional. Quien no apoye la mentira, debe ser parte de la conspiración.

Al otro lado del Atlántico, cabe reconocer que las publicaciones pro-Kremlin llevan años vertiendo infinidad de grandes mentiras, y esta semana no ha sido ninguna excepción.

Por ejemplo, hemos detectado variaciones del conocido tema en el que Occidente ansía dominar el mundo. Alemania y Japón son ocupados por EE. UU. y Polonia se ha convertido en vasallo y protectorado estadounidense, y toma decisiones de seguridad incomprensibles simplemente para complacer a sus amos en Washington DC. También hemos visto un clásico: Occidente promete a Rusia que la OTAN no avanzará hacia el este. La OTAN amenaza Transnistria. Además, la administración de Biden entrante convertirá a Rusia en el enemigo n.º 1. Y podríamos seguir.

Al leer esto, algunos podrían preguntarse si les falla la memoria. ¿No fue Rusia la que, no hace mucho, violó la soberanía de sus vecinos, Georgia y Ucrania? La confusión es comprensible, ya que desde el bando pro-Kremlin nos llegan narrativas de desinformación contradictorias; la anexión ilegal de Crimea, a fin de cuentas, no fue una anexión. Crimea votó para unirse de nuevo a Rusia en un referéndum legal, pero incluso si hubiera sido una anexión, estaría justificada, porque Crimea es legalmente parte de Rusia y se unió a Rusia de plena conformidad con la legislación internacional.

Otra gran mentira es la negación por parte de Rusia de su responsabilidad en el envenenamiento del opositor Alekséi Navalny, a pesar de la existencia de pruebas evidentes y ¡de una confesión rotunda! Esta semana, no obstante, hemos visto una narrativa en la que se afirma que, en el caso Navalny, no se ha demostrado envenenamiento. Según otra narrativa, ¡Occidente envía a Navalny de vuelta a Rusia para asegurarse de que no se vuelve irrelevante!

Solo se puede dar sentido a estas grandes mentiras si se acepta que el mundo está contra Rusia. Para explicarlo, existe una gran metamentira: Rusia es un ejemplo de estabilidad, mientras que el resto del mundo se ve abocado al caos y trata de aprovecharse celosamente de Rusia, de sus logros y de sus valores inmaculados.

Infamias sobre vacunas

Lamentablemente, el mundo sufre aún la segunda ola de infecciones de COVID-19. Al mismo tiempo, la «infodemia» continúa propagándose también.

Las narrativas detectadas en relación con la COVID-19 forman parte de una narrativa más amplia que afirma que Rusia combate la pandemia con mayor eficacia que las democracias occidentales, al tiempo que refuerza la credibilidad de la vacuna de origen ruso Sputnik V y socava la de otras vacunas (occidentales).

En otoño, vimos numerosos casos en los que se desacreditaba la vacuna de Oxford/AstraZeneca, por ejemplo, bautizándola como «la vacuna del mono», lo que permitió a los medios de comunicación pro-Kremlin sugerir que la vacuna británica convertiría a las personas en monos y, en consecuencia, aprovechar las críticas de los defensores de los derechos de los animales y de los antivacunas.

Últimamente hemos visto como el centro de atención pasaba de la vacuna de Oxford a la de Pfizer. La semana pasada, detectamos la falsa reivindicación de que habían muerto seis personas a causa de la vacuna de Pfizer. Esta semana, una narrativa afirmaba falsamente que altos cargos de la Unión Europea presionaron a la Agencia Europea de Medicamentos para que aprobara la vacuna de Pfizer. ¿Por qué las prisas?, pregunta esta mentira. La vacuna de Moderna también ha sido objetivo de declaraciones en las que se afirma que no se sabe nada de esta empresa, aunque cotice en el NASDAQ.

Aunque hemos puesto de manifiesto pruebas claras y recurrentes de desinformación pro-Kremlin destinada a socavar las vacunas occidentales, las publicaciones pro-Kremlin afirman justo lo contrario: que es Occidente quien trata de denigrar la vacuna rusa, comparando incluso a los científicos rusos con terroristas.

Por otra parte, se utilizan la desinformación y la propaganda para incrementar la reputación de Sputnik V:

  • Sputnik V es la primera vacuna del mundo en alcanzar una eficacia del 90 %.
  • La vacuna Sputnik V pondrá fin a la pandemia.
  • Los ucranianos quieren que se los vacune con Sputnik V, pero Estados Unidos no les deja.

Cuéntame dulces mentirijillas fascistas

Hay grandes mentiras y también mentirijillas. Por desgracia, esta semana, algunas de ellas tienen que ver con el fascismo.

Por ejemplo, el intento de golpe de estado en Bielorrusia, liderado por Svetlana Tikhanovskaya, en realidad aspira a resucitar el nazismo, o el relato según el cual el Partido Demócrata estadounidense se convirtió oficialmente en fascista. Oficialmente. También hemos descubierto narrativas en las que la ideología moderna de las autoridades letonas refleja la de las SS y, adivinen, la presidenta moldava Sandu inició su visita a Kiev con un eslogan nazi.

No deja de ser sorprendente la cantidad de narrativas que contienen elementos del fascismo esta semana. Tal vez sean fruto de una coordinación estratégica o puede que el funcionario del Kremlin a cargo de la desinformación haya estado viendo «Der Untergang (El Hundimiento)».

Aunque estas mentiras son de naturaleza bastante imponente, no se consideran grandes mentiras. Por el momento, carecen de gran impacto divisorio, lo cual no significa que no debamos tomarlas en serio, ya que más tarde podrían caer en campo abonado y fructificar.

 

 

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