«Bienaventurados» los «evacuados»
La lógica que subyace a la invasión rusa de Ucrania es absurda y profundamente violenta. Rusia parte de la premisa de que su «operación militar especial» era necesaria para liberar al pueblo ucraniano. Según las narrativas de desinformación pro-Kremlin, Ucrania no es un estado soberano real y su población debe ser salvada del régimen neonazi y genocida de Kiev. En consecuencia, cualquier acción emprendida por Rusia para alcanzar ese objetivo queda legitimada y justificada.
La pobreza de esta visión pro-Kremlin del mundo admite pocos matices o argumentos en contrario. Sus narrativas han creado una falsa dicotomía entre Rusia, como un país benévolo e independiente, y Ucrania, como un país ficticio y malvado. A quienes se atreven a desafiar esta estrecha visión del mundo enseguida se los tilda de nazis. Esto responde a una estrategia pro-Kremlin sostenida por mucho tiempo, que consiste en equiparar a los oponentes con nazis con el objetivo de tener una excusa para derribarlos. En algunos casos, la desinformación pro-Kremlin ha llegado a afirmar que la población civil asesinada por misiles rusos probablemente era nazi. Cuando en Ucrania se atreven a contradecir a Rusia, los líderes del Kremlin amenazan con hacerlos desaparecer.
Forzar al pueblo ucraniano a ser libre
Millones de ciudadanos ucranianos han sido trasladados a Rusia. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, a fecha 3 de octubre de 2022, habían llegado a Rusia alrededor de 2,8 millones de personas procedentes de Ucrania, mientras que, a 8 de noviembre, unos 4,7 millones se habían establecido en países de la UE. No obstante, el informe de ACNUR no especifica si se realojó voluntariamente a la población refugiada.

A pesar de ello, los medios rusos controlados por el Estado y los canales de desinformación pro-Kremlin afirman una y otra vez que las reubicaciones son voluntarias. Desde el comienzo de la invasión rusa, estos medios han dado a entender que la población ucraniana está estableciéndose voluntariamente en Rusia. Rusia reitera una y otra vez que a estas personas nunca se las deporta, sinoque se tratan de evacuados por voluntad propia y por su propia seguridad. Los medios de desinformación pro-Kremlin divulgan asimismo que estas personas realojadas por la fuerza están contentas de estar en Rusia y que han podido mejorar su vida.
En cambio, los medios rusos controlados por el Estado afirman que países europeos como Alemania se están cansando de aceptar refugiados ucranianos. Los medios pro-Kremlin en polaco llevan meses intentando alimentar el resentimiento anti-Ucrania, alegando que es más ventajoso ser ucraniano en Polonia que polaco e incluso que hasta los perros de Ucrania reciben un mejor trato que los de Polonia.
Los medios rusos controlados por el Estado y aquellos que se hacen eco de sus noticias recurren también a la táctica, no muy distinta de la anterior, de crear una falsa yuxtaposición, con el objetivo de desinformar sobre la supuesta benevolencia de las tropas rusas en Ucrania. Las Fuerzas Armadas rusas se presentan como piadosas con los soldados y prisioneros de guerra ucranianos capturados, a quienes brindan un trato respetuoso y humanitario.
Las demostraciones de la desinteresada benevolencia del Kremlin con la población Ucraniana no terminan aquí. Los medios pro-Kremlin anuncian con orgullo que muchos niños ucranianos, algunos de ellos huérfanos, han encontrado la felicidad en Rusia tras haber sido adoptados por familias de acogida rusas.
Desinformación sin límites
Es evidente que el problema estriba en que estas narrativas de desinformación son o muy cuestionables o directamente inventadas por completo.
En lo que respecta a las deportaciones forzadas, Human Rights Watch (HRW) informaba el 1 de septiembre de que «autoridades rusas y vinculadas a Rusia han trasladado por la fuerza a civiles ucranianos […] a zonas de Ucrania ocupadas por Rusia o a la Federación Rusa, lo que supone una violación de las leyes de la guerra, además de un crimen de guerra y un posible crimen contra la humanidad».
El informe de HRW ponía de manifiesto la existencia de un proceso de control llamado «filtración», durante el que se internaba a civiles ucranianos, despojándoles de prácticamente todos sus derechos. Según este informe, las autoridades rusas sometían sistemáticamente a civiles ucranianos a «una suerte de control de seguridad obligatorio, en el que solían recabar datos biométricos, como huellas dactilares o imágenes faciales de frente y de perfil; realizaban cacheos y comprobaban efectos personales y teléfonos, y además les preguntaban por sus inclinaciones políticas».
Los interrogatorios eran una parte esencial de tales campos de «filtración» y con frecuencia se repetían varias veces. En algunos casos, igualmente corroborados por la Comisión de Investigación Internacional Independiente de las Naciones Unidas sobre Ucrania, las personas deportadas a la Federación Rusa fueron retenidas durante varias semanas en centros de detención y sometidas a torturas.
En cuanto a los prisioneros de guerra, un informe del 27 de septiembre publicado por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) documentó «patrones de maltrato a los prisioneros de guerra» capturados por Rusia. Tal y como recoge el informe, «las víctimas declararon haber recibido puñetazos y patadas, haber sido golpeadas con porras policiales y martillos de madera, haber sido electrocutadas, amenazadas con ser ejecutadas o violadas y haber recibido disparos en las piernas».
Los hallazgos de este informe fueron corroborados por el testimonio de una testigo. De los 35 prisioneros ucranianos entrevistados, 27 describieron un trato que llegaron a considerar de tortura. Los medios pro-Kremlin no hicieron públicos estos hallazgos.
Por último, la desinformación pro-Kremlin, además de relatar bondades como la acogida rusa de huérfanos, augura un peligroso futuro a quienes permanecen en Ucrania. Un «documental» reciente de RT disponible en inglés, español, francés y ruso asegura que hay organizaciones no gubernamentales en suelo ucraniano que acechan y secuestran a menores huérfanos para asesinarlos y vender sus órganos. Estas alegaciones son viejas artimañas del Kremlin que lindan con la obsesión conspiratoria y que son enteramente infundadas.
La lógica de Rusia sobre su invasión sigue siendo tan lúgubre y tercamente consistente como su premisa de partida: Rusia es buena, Ucrania es mala. No obstante, ha quedado claro a ojos del mundo que las víctimas son justamente las personas a quienes Rusia dice ayudar.