¿Por qué Putin se presenta a sí mismo como el domador del neonazismo?
La mayoría de nosotros conoce el siguiente mecanismo de defensa de patio de colegio. Si alguien te insulta, respondes: «mira quién fue a hablar» o «y tú más». Es decir, se trata de llamar al otro lo mismo que te han llamado a ti. Esta táctica retórica es una proyección, una forma de culpar a otros de nuestras propias acciones destructivas.
Putin, en su discurso emitido el 24 de febrero anunciando la invasión de Ucrania (también conocida como «operación especial»), difundió varias mentiras enormes. Afirmó que la «operación militar limitada» tenía como objetivo garantizar la «defensa del Dombás» y la «autodefensa de Rusia», aunque Ucrania nunca ha amenazado a nadie, y menos si cabe a Rusia. También alegó que la «operación» no implicaría «ocupación alguna», aunque los soldados rusos en Ucrania ahora están estableciendo tal ocupación en partes del este y del sur del país. Putin planteó «la celebración de elecciones para un nuevo Gobierno». Sin embargo, cualquier tipo de elección justa arrojaría, con toda probabilidad, una mayoría abrumadora profundamente hostil a Rusia, aunque tan solo sea porque la invasión de Putin provocó el derrocamiento de un Gobierno elegido de forma democrática en 2019, con más del 73 % de los votos.
El 16 de marzo, Putin pronunció un largo discurso, en el que lanzó ataques verbales y acusaciones descabelladas: los «neonazis» de Kiev están planeando un ataque químico, están desarrollando armas biológicas, ántrax e incluso pronto dispondrán de armas nucleares listas para atacar a la región del Dombás y la propia Rusia. No hace falta decir que ninguna de estas acusaciones contaba con la más mínima prueba que las respaldara, tal y como suele ser habitual con los tropos de desinformación más insolentes.
Nazificándose…
Con todo, una afirmación de los discursos del 24 de febrero y del 16 de marzo destaca sobre las demás: Putin prometió que, tras la victoria, sus fuerzas llevarían a cabo la «desnazificación» de Ucrania. La insinuación era que el actual Gobierno de Ucrania —liderado por un presidente judío, que tiene tres tíos que perecieron durante el Holocausto— es un nazi, total o parcialmente.
No es la primera vez que el Kremlin utiliza el término «nazi» para describir a las autoridades ucranianas. Ni siquiera la quincuagésima vez. Durante años, los funcionarios y los medios de comunicación estatales rusos han empleado este término para difamar y demonizar a Ucrania y a su Gobierno. Tan solo en las últimas semanas y meses, los medios de comunicación rusos acusaron a Ucrania de ser un Estado fascista, afirmaron que el «terror de Estado» ejercido por Ucrania es comparable al de la ocupación nazi y alegaron que «fuerzas fascistas» organizaron la revolución de Maidán de 2014 en Ucrania.
«Nazis en el este, nazis en el oeste, nazis en todos lados»
En 2017, examinamos las acusaciones frecuentes sobre quién es nazi según el Kremlin. Por aquel entonces ya había bastantes. Durante mucho tiempo, los medios de comunicación estatales rusos y pro-Kremlin han llamado a cualquiera considerado hostil a Rusia o al proyecto geopolítico de unir al mundo rusoparlante (o Russkiy Mir), nazi o simpatizante de los nazis, sobre todo a Polonia y los Estados bálticos. Ni siquiera Italia se ha librado de la terminología relacionada con los nazis, como «Gestapo». Podríamos seguir, seguir, y seguir. Nuestra base de datos contiene más de ochocientas entradas con la palabra clave «nazi».
¿Qué es diferente ahora?
Dos elementos. Primero, el término «nazi» es ahora omnipresente en los medios de comunicación estatales. Ha pasado de ser frecuente y dirigido tan solo a determinados países (Ucrania, los Estados bálticos, Polonia) a convertirse en una obsesión general. Según RT, toda Europa [UE] es, en general, como los nazis. Segundo, ahora también domina el vocabulario de Putin, junto con otros términos despectivos como «drogadictos nacionalistas», «títeres», etc. En los últimos meses, ni siquiera el ministro de Asuntos Exteriores, Lavrov, difícilmente podía pronunciar una palabra sobre Ucrania sin decir «nazi».
El 4 de marzo, cuando el parlamento ruso aprobó por unanimidad leyes draconianas que limitan la libertad de expresión y los medios independientes, el «debate» se colmó con la palabra nazi. Al parecer, todo Occidente es «nazi» porque apoya a Kiev y, por ello, cuarenta y ocho países han sido declarados ahora como países «no amistosos» con Rusia.
Motivos
Un argot tan implacable no puede haber tenido el propósito de dividir a Ucrania desde dentro o de acercar a los adversarios extranjeros a Putin. Ante tal agresión verbal, el equivalente retórico de exponerse en una calle llena de gente, la reacción natural de un oponente es cerrar filas contra usted antes de alejarse disgustado.
En cambio, es probable que la obsesión nazi de Putin tenga sobre todo motivos internos conscientes. Al igual que la burla en el patio del colegio mencionada al principio, el hostigamiento nazi de Putin busca distraer la atención de las debilidades de su propio régimen. También intenta amalgamar el público doméstico ruso contra un enemigo externo despiadado, demoníaco e imaginario. Por último, busca obligar a ese público doméstico a luchar o, al menos, a no oponerse a la lucha, contra el invocado hombre del saco.

La base ideológica y la principal seña de identidad del Estado ruso moderno es la victoria sobre el nazismo en 1945. Durante el mandato de Putin, los desfiles militares se han vuelto cada vez más ostentosos. Iniciativas populares como el «Regimiento Inmortal», originalmente concebidas como una forma personal de honrar a un miembro de la familia que luchó en 1941-45, han sido secuestradas para espectáculos estatales polivalentes para inculcar los sentimientos patrióticos adecuados en las generaciones más jóvenes. La televisión estatal rusa suele transmitir, antes de los programas vespertinos, avances de vídeos que presentan a los veteranos de la Segunda Guerra Mundial del asedio de Leningrado, la defensa de Moscú o eventos históricos parecidos.
Ahora esta guerra: la «desnazificación»
Sin embargo, la afirmación de Putin de querer la «desnazificación» de Ucrania puede tener un propósito externo: difamar a todos los nacionalistas ucranianos como nazis. El gran problema del Kremlin es que su invasión ha vigorizado el orgullo nacional ucraniano y lo ha desarrollado de una manera como muy pocas otras acciones podrían haberlo hecho.
Si el Kremlin logra una victoria pírrica cueste lo que cueste en Ucrania, la «desnazificación» dentro del país podría adoptar una forma más impía. ¿Cualquiera que exprese orgullo ucraniano debería ser «desnazificado»? Uno no puede sino estremecerse al pensarlo.
«Desnazificación» es un eufemismo orwelliano para una purga de funcionarios electos y del gobierno de un país independiente.
En una medida de corte estalinista, los recientes arrestos y secuestros de alcaldes ucranianos en ciudades ocupadas por Rusia ilustran cómo se instalan los títeres del Kremlin. Si duda sobre cómo Putin controla a los oponentes políticos, puede escuchar a Alexéi Navalni. O también vea el discurso de Putin del 16 de marzo para movilizar la moral patriótica. En ese discurso, además de la «desnazificación», Putin describió a la oposición interna como «traidores, contra Rusia; la quinta columna de Occidente; insectos sucios que tienen que ser destruidos».
El Estado nazi artificial
Durante años, Putin no ha ocultado su convicción de que Ucrania es un Estado artificial y que el país pertenece a Rusia (véase su largo artículo de julio de 2021). Putin insiste en que sus descripciones son verdaderas, los ucranianos deben ser nazis, de la misma manera que los abusones del patio del colegio insisten en que un niño más endeble merecía ser atizado por alguna razón. Sus descripciones solo tienen sentido en el ámbito de su verdad, una versión descrita ideológicamente por el filósofo del Kremlin, Aleksander Dugin, que solo él y otros nacionalistas rusos radicales pueden creer.
Todo esto no tiene nada que ver con los hechos. Los grupos de extrema derecha tuvieron una presencia muy limitada durante las protestas de 2014 en el Maidán y obtuvieron unos resultados pésimos en las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2014 en Ucrania. Durante el ciclo electoral de 2019, la ultraderecha sufrió un fracaso aún más estrepitoso, al no lograr ninguna representación en el parlamento.
Cuando los autócratas persiguen ideales geopolíticos como establecer la soberanía rusa sobre supuestos territorios históricos rusos, el enorme vacío que separa un ideal de la realidad puede convertirse en un desastre. Hoy vemos los resultados: los bombardeos rusos de objetivos civiles en toda Ucrania.
El culto a la personalidad…
Mientras Putin culpa a otros de ser nazis, el culto a la personalidad crece en Rusia.
El 18 de marzo se cumplieron ocho años desde la anexión ilegal de Crimea. Las celebraciones en Moscú alcanzaron un nuevo clímax este año. Ese día, Putin habló en el estadio Luzhniki de Moscú, donde las tribunas abarrotadas pudieron verle de pie junto al lema «Por un mundo libre de nazismo». De forma cínica, volvió a justificar la guerra con las dos palabras más utilizadas para justificar la invasión de Ucrania: genocidio y nazismo.
Cerca de cien mil personas participaron en el concierto, muchas de ellas portando pancartas y coreando lemas como: «Por el presidente», «por Rusia», «por Crimea», «por el Dombás». Y desde luego «por za», escrito con la letra inicial latina «Z» para jalear la guerra.
No es difícil reconocer el culto a la personalidad, demasiado conocido de tiempos pretéritos de guerra.