Narrativas principales de la desinformación pro-Kremlin. Cuarta parte: «el colapso inminente»
Una característica distintiva de la desinformación pro-Kremlin es su repetitividad. A pesar de todas las afirmaciones descabelladas que vierten, los medios de comunicación pro-Kremlin a menudo suenan como un disco rayado que se limita a un par de mensajes básicos para el público nacional e internacional. Esto no es un accidente o un descuido, sino que es algo intencionado: la repetición hace que las mentiras suenen más creíbles. Los medios de desinformación pro-Kremlin logran este objetivo al ceñirse a un conjunto de narrativas recurrentes que funcionan como plantillas para historias concretas.
Una narrativa constituye un mensaje general, que se comunica mediante textos, imágenes y metáforas, así como por otros medios. Las narrativas contribuyen a transmitir un mensaje: crean suspense y hacen más atractiva la información. EUvsDisinfo ha identificado un conjunto de cinco narrativas principales empleadas por los medios de desinformación rusos y pro-Kremlin. Hemos visto estas narrativas principales de desinformación pro-Kremlin puestas en práctica en múltiples ocasiones, a saber: para interferir en procesos electorales, para difundir mentiras sobre la pandemia de COVID-19 o para justificar la guerra no provocada en Ucrania.
Este verano, le ofrecemos una descripción general actualizada de estas narrativas. Aquí está la cuarta, la narrativa del «colapso inminente». Consúltense también las narrativas publicadas con anterioridad: «Las élites contra el pueblo», «valores amenazados» y «pérdida de soberanía».
Cuarta narrativa: «el colapso inminente»
En la retórica de Aristóteles, el concepto de kairós denota un sentido de urgencia para la acción. La mayoría de los oradores emplean este concepto cuando afirman: ¡Hazlo ahora antes de que sea demasiado tarde! En el contexto de la desinformación pro-Kremlin, la narrativa del «colapso inminente» cumple esta función.
Los medios de comunicación rusos y pro-Kremlin emplean con frecuencia dicha narrativa. Entre los ejemplos se encuentran: la Unión Europea (UE) está al borde del colapso, los Estados Unidos están colapsando, la Organización del Tratado del Atlántico Norte se está desmoronando, la entrada de Ucrania en la UE provocaría el colapso del bloque y el sistema financiero está colapsando.
Según la propaganda del Kremlin, existen otros factores que también están acelerando este supuesto colapso. Por ejemplo, el humorista gráfico de RIA Novosti describe el terrorismo en Europa como un escorpión mortal que los europeos se han metido en su propio bolsillo sin saberlo.

Dibujo original: RIA Novosti
Una vieja historia
Rusia lleva más de un siglo augurando el colapso inminente de Europa. Decir que Europa o los Estados miembros de la UE están «al borde de una guerra civil» funcionó tan bien en 2019 como en 1919.
Los medios de comunicación controlados por el Estado ruso insuflan a su público local múltiples historias relacionadas con lo terrible que es la vida en la UE: disturbios, violencia, pobreza, extremismo político, etc. Todo ello para crear una sensación de comodidad para el público que vive en Rusia, que al parecer no está al borde de un colapso inminente, en claro contraste con la situación en otros lugares.
El «colapso inminente» es una narrativa muy elaborada que, por lo general, casa bien con el público objetivo, tanto local como internacional, a pesar de que no ha estallado ninguna guerra civil en la UE ni Europa ha colapsado. Según diferentes parámetros, el bloque continúa prosperando.
El público objetivo, que —legítimamente o no— ya recela de la agitación política y social en sus países, es muy susceptible a esta narrativa.
Por tanto, esta narrativa funciona muy bien durante períodos de retos políticos verdaderos como, por ejemplo, durante la crisis migratoria del otoño de 2015, durante la pandemia y, ahora, durante la invasión rusa de Ucrania.
La batalla final
La ingente afluencia de migrantes a Europa planteó, sin duda, un gran reto para los Gobiernos europeos. Sin embargo, los medios de comunicación rusos y pro-Kremlin presentaron la situación con términos flagrantemente exagerados y apocalípticos, informando sobre la crisis como si representara un colapso sistémico. Huelga decir que el sistema sobrevivió indemne, pero la imagen de un colapso persiste en la jerga del Kremlin.
En marzo de 2020, durante las primeras etapas del brote de COVID-19, el filósofo nacionalista Alexander Dugin disfrutó presenciando el colapso de las democracias occidentales:
La sociedad capitalista mundial colapsó de inmediato. No todo el mundo lo ha entendido aún, pero lo harán muy pronto. Esto significa que ha colapsado la misma esencia del globalismo liberal, el mundo del personal administrativo y los blogueros de belleza, de las personas transgénero y los activistas climáticos, de los defensores de los derechos humanos y los hípsteres, de los migrantes y las feministas.
El enfoque también fue patente en la cobertura rusa y pro-Kremlin de las protestas de los chalecos amarillos en Francia. El derecho a manifestar el descontento con el Gobierno y la política constituye una parte fundamental de la democracia, y los ciudadanos de cualquier Estado europeo disfrutan del derecho a protestar de forma pacífica. El movimiento de los chalecos amarillos y otras manifestaciones de descontento parecidas pertenecen a la tradición democrática europea: no son una prueba del desmoronamiento del sistema, sino de su capacidad para reinventarse y rejuvenecerse.
A pesar de que sus profecías no se han hecho realidad, las fantasías pro-Kremlin de un colapso inminente de sus supuestos adversarios ha continuado tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia. En los medios de desinformación pro-Kremlin, la guerra en Ucrania es solo una artimaña de Occidente para postergar el «colapso inevitable del capitalismo mundial».
La narrativa del «colapso inminente» también se emplea a veces para lamentar la supuesta degradación de los valores y las tradiciones morales de Europa. Por ejemplo, los medios de desinformación rusos y pro-Kremlin describen con frecuencia los derechos de los niños en Europa como un ataque a los valores familiares. Su conclusión: Europa se muere al abandonar toda decencia y moral.
Con todo, las noticias sobre la muerte de Europa pueden haber sido muy exageradas. Navegar por una situación económica tumultuosa, vadear una pandemia mundial o presenciar un panorama político acalorado no debe confundirse con un colapso existencial.
Lea más sobre el «colapso inminente»» aquí.