Si no fuera por esos europeos metomentodos
A medida que la guerra entre Rusia y Ucrania se aproxima a su tercer aniversario, la paz está cada vez más presente en la mente de todos. Y, más aún entre el pueblo ucraniano, que ha luchado incansablemente para proteger la libertad de Ucrania, su lengua y su cultura frente al implacable avance del imperialismo ruso. Su lucha es, ante todo, una lucha por la paz. Tanto en Ucrania como en Europa.
Así pues, los manipuladores de la información del Kremlin hacen todo lo posible por tergiversar la narrativa de la paz y por culpar a la UE y a Ucrania de obstaculizar el proceso. En el boletín Disinfo Review de esta semana, analizamos la versión actual de las narrativas de desinformación del Kremlin sobre la paz, las cuales respaldan los objetivos geopolíticos de Moscú en Ucrania y otros territorios.
Una evolución constante de las narrativas
La postura del Kremlin sobre la paz ha evolucionado a lo largo de estos últimos tres años. En los primeros días de la invasión a gran escala por parte de Rusia, no había cabida para las narrativas de paz, solo para un aire de triunfalismo poco prudente. A continuación, al darse cuenta de que no sería tan fácil quebrantar la determinación de Ucrania en su lucha por proteger sus hogares, el Kremlin comenzó a hablar de paz, mientras sus bombas caían sobre civiles ucranianos. Moscú formuló rápidamente «propuestas de paz» que, en realidad, eran más bien vacías maniobras de relaciones públicas, en las que usaban la narrativa de paz para justificar la guerra de Rusia y ocultar sus verdaderas ambiciones imperialistas.
Mientras la guerra seguía haciendo estragos, los propagadores de desinformación del Kremlin continuaron difundiendo su retorcido relato de paz, logrando llegar a un público cada vez más global y presentando la guerra de Rusia contra Ucrania como una lucha noble para acabar con la «hegemonía occidental» y establecer un nuevo orden mundial «verdaderamente multipolar».
Sin embargo, algo entorpecía ese intento de sostener la imagen de insigne caballero andante de las novelas de caballería. Ucrania y sus aliados, comprometidos con alcanzar una paz justa y duradera, ya estaban trabajando para lograr ese objetivo, incluida la formación de una comunidad global que respaldara una paz genuina. Entonces, el Kremlin pasó de pulir su propia imagen a menospreciar a Occidente o a cualquier propuesta de paz que no se basara en los ultimátums imperialistas de Rusia. Esta dicotomía, que consiste en disfrazar la agresión rusa de intentos de paz y, al mismo tiempo, en acusar a Occidente de no tomársela en serio, se ha convertido en la táctica preferida del Kremlin para manipular la percepción de la opinión pública sobre la posible paz en Ucrania.
Jugar a hacerse el buen tipo
Volvamos al presente. Con el regreso de Donald J. Trump como 47.º presidente de EE. UU., la paz se ha convertido, una vez más, en un tema candente para los blanqueadores de la desinformación del Kremlin. La maquinaria de manipulación de la información del Kremlin está trabajando sin descanso para presentar a Putin como un negociador constructivo. O, de hecho, como un muy buen tipo. Siempre y cuando, por supuesto, Ucrania y sus aliados acepten sin rechistar las exigencias de Moscú, a las que Putin llamó «las realidades de hoy».
También hemos sido testigos de la palabrería un tanto bochornosa de ambos líderes, con Putin tratando de alimentar el ego del presidente Trump al afirmar, de manera totalmente inverosímil, que la guerra no habría ocurrido si Donald Trump hubiera sido elegido presidente en 2020. ¿Acabamos de ver a Putin, quien suele deleitarnos con largas invectivas en las que demoniza a Occidente, sugerir que habría delegado la política exterior rusa, cuyo objetivo es someter a Ucrania al control de Moscú, a Washington? Todo resulta, cuando menos, extraño. No obstante, el Kremlin intentó suavizar su tono inicialmente jovial hacia Trump con matices más sombríos, especialmente en el contexto de las negociaciones para un fin rápido de la guerra de Rusia contra Ucrania.
Deslegitimar a los oponentes
Otro rasgo característico de las operaciones de manipulación de la información del Kremlin es su constante campaña para desprestigiar, deslegitimar y desacreditar a cualquier posible negociador del bando ucraniano, con el objetivo de mantener viva una de las principales narrativas de desinformación pro-Kremlin: «el régimen de Kiev» es nazi y terrorista y, por lo tanto, no se puede razonar con él. El presidente Zelenski es objeto de una hostilidad particular, ya que el Kremlin sigue empeñado en defender el bulo de que no es el líder legítimo de Ucrania y debe ser excluido de cualquier futura negociación de paz.
El presidente Zelenski no es el único que sufre un trato denigrante por parte del Kremlin. Mientras Moscú sigue desarrollando su engañosa narrativa de paz con miras a posibles cambios geopolíticos, la UE también se ha convertido en un objetivo de la desinformación del Kremlin. Si bien las narrativas que acusan a la UE de «rusófoba» y beligerante no son especialmente nuevas, representa un enfoque relativamente reciente el hecho de señalar particularmente a la UE, en vez de a la criatura fantástica que denominan el «Occidente colectivo», como el obstáculo para la paz. Afortunadamente, no somos el único blanco de la desinformación pro-Kremlin, ya que la OTAN también ha sido señalada como supuesta responsable de las guerras de Rusia.
Dividir los apoyos
Esencialmente, el Kremlin emplea esta táctica manipulativa de difundir narrativas de desinformación sobre la paz para generar divisiones entre los aliados más firmes de Ucrania, especialmente entre la UE y EE. UU. Además, intenta sembrar discordia entre los Estados miembros de la UE y dentro de los propios países, enfrentando a belicistas contra pacifistas.
Por ello, los portavoces del Kremlin dedican incontables horas de emisión a blanquear narrativas de desinformación sobre la «soberanía perdida» de Europa, regocijándose con sombrías predicciones sobre su miserable futuro, afirmando que carece de recursos para mantener la paz y presentándola como un socio débil y poco interesante para EE. UU. En realidad, como de costumbre, el Kremlin es plenamente consciente de las carencias de Rusia y, por ello, busca proyectar sus propias debilidades en sus adversarios.
La paz en los términos de Rusia implica que millones de ciudadanos vivan bajo su ocupación
Son muchas las voces que claman por la paz. La maquinaria de manipulación de la información del Kremlin intenta apropiarse de la narrativa de paz para establecer un punto de partida maximalista en las negociaciones que le permita a Rusia consolidar su desenfrenada expansión imperialista. Sin embargo, las «realidades de hoy», utilizando esas palabras de Putin, implican condenar a millones de ciudadanos ucranianos a vivir bajo la ocupación rusa, sometidos a la represión y el autoritarismo, en nombre de la paz en los términos de Rusia. No se deje engañar.

También bajo el radar de EUvsDisinfo esta semana:
- Bielorrusia: El Kremlin tiene una definición muy peculiar del término «elecciones». Cuando se celebran en sociedades libres y democráticas, las tacha de fraudulentas, como intentó hacer con las elecciones europeas de junio de 2024. Sin embargo, en su zona de influencia y control, ya sea en la propia Rusia o en su lacaya Bielorrusia, el Kremlin define como «elecciones libres y justas» el grotesco espectáculo en el que se reafirma el poder de un gobernante autocrático. Como era de esperar, los propagadores de desinformación del Kremlin afirmaron rápidamente que las recientes «elecciones» en Bielorrusia habían sido todo un ejemplo de autodeterminación y soberanía. En realidad, el espectáculo absurdo que tuvo lugar recientemente en Bielorrusia no puede considerarse una auténtica contienda electoral. Lukashenko puede proclamar haber recibido el 87,6 % de los votos, pero el proceso se llevó a cabo en un contexto de dura represión contra los activistas de la oposición y los medios independientes, sin permitir la participación de ningún adversario real. Además, el proceso electoral no fue supervisado por observadores independientes. Estas condiciones han sido denunciadas tanto por el Parlamento Europeo como por la alta representante y vicepresidenta de la UE, Kaja Kallas, quienes han señalado las graves deficiencias de estas supuestas «elecciones».
- Acuerdo de París: Si hay un comodín manipulativo que los agentes de la desinformación del Kremlin juegan día sí y día también es el de afirmar que Rusia es siempre la víctima. Y, si a ello le sumas un tema relevante o polémico al que poder sacarle provecho, pues mejor que mejor. El reciente anuncio de EE. UU. sobre su retirada del Acuerdo de París suscitó un intenso debate público sobre cuestiones climáticas, lo que brindó al Kremlin la oportunidad de difundir más desinformación al respecto, asegurando, en esta ocasión, que el Acuerdo de París fue diseñado como una trampa geopolítica contra la energía rusa. Esta pretenciosa afirmación es un completo disparate. El Acuerdo de París no fue creado para perjudicar a ningún país. Se trata de un acuerdo internacional legalmente vinculante, firmado por 195 países y la Unión Europea, cuyo propósito es frenar el cambio climático mediante la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Dado que la economía rusa depende en gran medida de los hidrocarburos, la desinformación pro-Kremlin ha dirigido con frecuencia sus ataques contra iniciativas y políticas medioambientales centradas en los sectores del gas y del petróleo.
- Serbia: Un claro indicio de la paranoia que impera en Moscú es el hecho de que el Kremlin ve el «largo brazo de Occidente» y «revoluciones de colores» en cada esquina. Tras la reciente dimisión del primer ministro serbio, Miloš Vučević, a raíz de semanas de protestas por la trágica caída del techo en la estación de tren de Novi Sad, los manipuladores de la información del Kremlin intentaron rápidamente sacar provecho de la situación mediante un bulo que afirma que Serbia se encuentra al borde del colapso tras haber recibido un ultimátum por parte de Occidente. Curiosamente, los medios de desinformación pro-Kremlin también han difundido relatos manipuladores similares sobre Eslovaquia, en los que sugerían que se estaría gestando un «Maidán» orquestado por Occidente. En realidad, no hay ninguna evidencia creíble que demuestre que Occidente esté detrás de las protestas en Serbia. Al movimiento de protesta, inicialmente encabezado por estudiantes, pronto se sumaron profesores, abogados y otros profesionales, lo que refleja el descontento generalizado de la población con el gobierno de Aleksandar Vučić.