Besa a los asesinos y castiga a los inocentes
Los propagandistas del Kremlin han hablado mucho de sus retorcidas interpretaciones de la lealtad, el patriotismo, la igualdad de derechos y la justicia para enmascarar la absoluta falta de moral del régimen de Putin.
El 1 de agosto, ocho ciudadanos rusos condenados en países occidentales por delitos de homicidio, blanqueo de capitales, fraude y ciberdelincuencia, entre otros, fueron intercambiados por 16 personas encarceladas de forma arbitraria en cárceles rusas. Entre estas últimas había personas con pasaportes occidentales acusadas de cargos inventados, pero también ciudadanos rusos perseguidos por hacer oposición al régimen de Putin y protestar contra la invasión de Ucrania. En el aeropuerto de Vnúkovo, en las inmediaciones de Moscú, Putin saludó afectuosamente a los delincuentes, los espías y el asesino convicto que volvían a Rusia, a cambio de haber liberado a rehenes, periodistas, políticos de la oposición y defensores de los derechos humanos.
El Kremlin llevaba años negando cualquier implicación del Estado ruso en el homicidio del georgiano Zelimkhan Khangoshvili, delito por el que Vadim Krasikov había sido condenado en Alemania. Ahora, tras el abrazo público de Putin al asesino convicto, los medios pro-Kremlin se han visto obligados a ofrecer su propia interpretación del regreso de los prisioneros.
Deshumanizar a las víctimas y endiosar al verdugo
Los medios de desinformación pro-Kremlin no tardaron en afirmar falsamente que las personas liberadas por Rusia eran espías de la CIA. Es probable que trataran así de establecer algún tipo de equilibrio en el intercambio, puesto que Rusia sí recibió espías reales. Así lo expresaba el detestable propagandista ruso Vladimir Solovyov en su infame programa de televisión: «Hemos traído a casa a nuestros héroes y dejado ir a una serie de espías, delincuentes extranjeros y traidores que sirven a países cuyo único objetivo es la destrucción de Rusia». Una forma bastante elegante, aunque lamentable, de matar dos pájaros de un tiro. Rusia recupera a sus «héroes» y en el proceso se deshace de «amenazas extranjeras» y de la oposición política.
En seguida, otros portavoces de la desinformación pro-Kremlin siguieron el ejemplo. La editora jefe de RT, Margarita Simonyan, hizo una interpretación muy similar: «La gente que ha vuelto a Rusia es gente de verdad, personas que entienden lo que significa la lealtad al juramento a la que Putin hizo referencia en su encuentro con ellas. Estas son personas de verdad. Las que se han ido eran pequeños animales. ¡Hasta nunca!».
Héroes y gente buena por un lado, y traidores y animales por otro. Los propagandistas intentaron ridiculizar, menospreciar y deshumanizar a las víctimas de la persecución autoritaria y la toma de rehenes por parte del Estado. En el salón de los espejos del Kremlin, los delincuentes se convierten una vez más en héroes para que nadie repare en lo que es obvio: que el Kremlin ha intercambiado delincuentes reales por personas inocentes encarceladas de forma arbitraria.
Tergiversar el patriotismo y la lealtad
En su intento de justificar las injusticias, los medios pro-Kremlin se han apresurado a secuestrar los valores del patriotismo y la libertad. Trabajar en beneficio de tu país es algo bueno, no cabe duda. Sin embargo, cometer homicidios y espiar en nombre de Putin y con la autorización del Estado es muy distinto. La presencia de Putin en la pista de aterrizaje tenía el objetivo de transmitir el siguiente mensaje: si estás dispuesto a saltarte la ley y a delinquir para proteger al régimen de Putin, el mandamás del Kremlin no te abandonará.
Recurrir a la narrativa de los «valores amenazados»
Apropiarse del léxico de los valores y ponerlo al servicio de la desinformación es una técnica común de los medios pro-Kremlin. Consiste en crear un contraste artificial entre los defensores imaginarios de los «valores tradicionales amenazados» y las personas a quienes va dirigida la desinformación. En el caso del intercambio de prisioneros, esta narrativa se ha empleado para contraponer «héroes» a «traidores». Otro de los temas favoritos de los medios pro-Kremlin es ridiculizar la postura occidental sobre los derechos de las mujeres y de otros grupos, como la comunidad LGBTQI+, tildándola de decadencia moral y perversión. A lo largo de los años hemos detectado decenas de casos de desinformación basados en esta narrativa.
Así pues, no ha sido ninguna sorpresa que los medios del ecosistema de desinformación pro-Kremlin avivaran los acalorados debates sobre el género de la argelina Imane Khelif, al asegurar que, en términos biológicos, Khelif es un hombre. Ni Khelif ni su compañera, la taiwanesa Lin Yu-ting, son hombres o personas trans. Nacieron mujeres y siempre han competido como mujeres, como ha confirmado el presidente del COI, Thomas Bach.
La hipocresía de Simonyan en torno a los derechos de las mujeres
Margarita Simonyan, una de las principales portavoces de la desinformación del Kremlin, aprovechó esta ocasión para volver a erigirse en defensora de los derechos de las mujeres y de la justicia en el deporte. Señaló rápidamente la supuesta «doble moral» de Occidente, preguntándose por qué «los liberales y las feministas» occidentales no se unían a la defensa de la jugadora italiana derrotada por Khelif. No obstante, la respuesta a esta pregunta retórica, cargada de desinformación, ya la había dado el Kremlin: pues porque, tal y como aseguró Simonyan, el género es el «nuevo antisemitismo» de Occidente. Para terminar, Simonyan hizo gala de su característico desprecio por la vida humana: «Sería estupendo que Imane Khelif y Lin Yu-ting, o comoquiera que se llamen, lleguen a la final y se maten entre ellas. Para deleite de los verdaderos aficionados al deporte femenino».
La misoginia, el racismo y los ataques a las minorías son un elemento básico de la desinformación rusa. Simonyan utilizó léxico relacionado con la protección de los derechos de las mujeres y la justicia en el deporte para llevar a cabo actividades de ciberacoso contra atletas mujeres, con el patrocinio del Estado. Sus declaraciones, además de unirse a las otras narrativas concebidas para atacar a Occidente, contribuyeron a la creación de un escándalo en torno a los Juegos Olímpicos de París.
Los atletas rusos que fueran militares o que apoyaran públicamente la invasión a gran escala de Rusia contra Ucrania tenían prohibida la participación en los Juegos Olímpicos. Como consecuencia, solo 15 atletas rusos están compitiendo, en calidad de «neutrales». Esto sentó claramente mal al Kremlin y, como era de esperar, el número de ataques desinformativos sobre el evento se disparó. No obstante, a pesar de los intentos de injerencia rusa, los Juegos están transcurriendo sin incidentes, por lo que los propagadores de la desinformación del Kremlin han subido el listón. Algunos medios se han atrevido a afirmar que la ceremonia de apertura de los Juegos ha sido un anuncio del Apocalipsis, que al director de la ceremonia le había caído un rayo como castigo divino y que las medallas deberían ser una cruz invertida de Satanás.

También bajo nuestro radar de desinformación esta semana:
– El grano ucraniano, en manos de ricos europeos en vez de en África. Una de las consecuencias de la invasión a gran escala de Rusia contra Ucrania ha sido la subida global del precio de los alimentos, dada la imposibilidad de Ucrania de exportar la misma cantidad de grano. Este fenómeno ha afectado sobre todo a los países que ya sufrían inseguridad alimentaria, muchos de los cuales se hallan en el continente africano. La desinformación rusa sigue centrándose de forma sistemática en eludir toda responsabilidad de Rusia a este respecto, al asegurar, por ejemplo, que solo ha llegado a África el 3 % del grano que pudo exportarse a pesar del bloqueo naval de Rusia y del bombardeo de la infraestructura de exportación y las regiones agrícolas. Según este relato, el resto del grano fue a parar a Europa. Según cifras de la ONU, el 57 % del grano ucraniano, que conformaba el 80 % del contenido de los paquetes de ayuda alimentaria del Programa Mundial de Alimentos, llegó, en efecto, a países en desarrollo.
– La UE intenta poner a los países de Asia Central en contra de Rusia El alto representante y vicepresidente de la Comisión Europea, Josep Borrell, estuvo de visita en Kazajistán y Kirguistán del 1 al 3 de agosto, con el objetivo de fortalecer los vínculos entre estas naciones y la UE. El Kremlin, por su parte, aunque se presente como partidario del anticolonialismo en otras regiones del mundo, en realidad es alérgico a cualquier intento de que los países independientes que se encuentran en lo que él considera su «esfera de influencia» diversifiquen sus relaciones internacionales. Los medios de desinformación, incluidos los de Asia Central, aseguraron que la UE pretendía abrir una brecha entre Rusia y las naciones de la zona. Además, aseveraron que la UE quiere obligarlos a cumplir las sanciones antirrusas y que únicamente está interesada en explotar los recursos de la región. Tales afirmaciones son infundadas. Borrell hizo hincapié en que la UE es uno de los socios comerciales más importantes de Kazajistán y que la futura cooperación entre ambos se centrará en la mejora del clima empresarial, el desarrollo del Corredor Transcaspiano de Transporte, la mejora de la conectividad aérea mediante el Acuerdo Horizontal de Aviación y la inversión en conectividad digital por satélite y recursos hídricos sostenibles.
– El Estado profundo de los EE. UU. es el responsable de que Ucrania haya suspendido el envío de petróleo a Hungría. Ucrania ha interrumpido recientemente el envío de petróleo a Hungría y Eslovaquia por parte de la empresa rusa Lukoil a través del oleoducto de Druzhba, interrupción que se produce más de dos años después de la invasión a gran escala por parte de Rusia. Según esta narrativa difundida por Sputnik en inglés y español, el motivo de ello es que EE. UU. quiere mantener la dependencia de la UE de los recursos energéticos estadounidenses, a fin de garantizarse su control. No obstante, los países de la UE que dependen de estos envíos tuvieron un amplio margen de tiempo para encontrar fuentes alternativas y ni las acciones de Ucrania ni de la UE vienen dictadas desde EE. UU.