Continúan los días tristes (vol. 5): represión de los medios de comunicación en Rusia

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La última esperanza de libertad de prensa que quedaba en Rusia se está desvaneciendo a pasos agigantados. La sospechosa muerte de Alekséi Navalni ha dejado con pocos o ningún oponente nacional viable al líder ruso Vladimir Putin, quien parece sentirse muy a gusto con su imagen de hombre fuerte. Su discurso sobre el estado de la nación del 29 de febrero impuso un nuevo tono a las operaciones del Kremlin relacionadas con la información: el de un dictador aparentemente seguro de que nadie va a atreverse a llevarle la contraria.

Para la población rusa que cree que su país debe ser libre, abierto y próspero, el momento actual es desolador. Así lo expresaba una de las personas que lloraba la muerte de Navalni: «No tengo ninguna confianza en el futuro».

En EUvsDisinfo, hemos analizado los golpes que ha sufrido la libertad de prensa en Rusia en las ediciones anteriores de esta serie, los volúmenes 1 – 4. Esta es la quinta actualización de las formas en que las autoridades rusas han manipulado el espacio de información nacional y han reforzado aún más su control sobre la sociedad civil desde nuestro último informe de marzo de 2023. Por ahora, no encontramos razones para ser optimistas.

Reintroducir la censura

Empecemos por conocer algunos datos contextuales. El día que Rusia lanzó su guerra a gran escala contra Ucrania, el 24 de febrero de 2022, la agencia estatal rusa de medios de comunicación, Roskomnadzor, ordenó a todos los medios del país que, a la hora de informar sobre la invasión, publicasen solo la información oficial que fuese divulgada por los organismos estatales. Poco después, el Parlamento ruso introdujo nuevas disposiciones legales sobre la censura en el Código Penal. En concreto, el artículo 207.3 estipulaba hasta 15 años de prisión por «difundir información falsa sobre las Fuerzas Armadas u oficiales rusos». Los tribunales han usado este instrumento en numerosas ocasiones y han impuesto condenas a infinitas personas con el objetivo de mandar a la sociedad una señal clara: apoya al Kremlin o guarda silencio, o de lo contrario, irás a la cárcel.

Otras estipulaciones legales introducidas son las del artículo 275.1 del Código Penal, que contempla penas por la «cooperación confidencial» con extranjeros, que se equipara con la traición, y las del artículo 20.3.3 del Código Administrativo, que impone una multa de hasta 100 000 rublos por «difundir información falsa», cantidad que equivale al salario de dos o tres meses de un ciudadano medio.

No obstante, la nueva legislación es solo el principio, puesto que las autoridades no han desaprovechado ni un minuto para empezar a aplicarla y cada vez le cogen más el gusto. Retomemos la situación donde la dejamos: en marzo de 2023.

Controlar las apariencias

El 30 de marzo de 2023, las autoridades rusas arrestaron al periodista de Wall Street Evan Gershkovich y lo acusaron de espionaje. El artículo enlazado señala que esta detención marca la primera vez desde la Guerra Fría que las autoridades inician un proceso de espionaje contra un reportero extranjero. El Kremlin espera poder usar a Gershkovich como baza para un futuro intercambio de presos rusos en territorio estadounidense, una práctica mafiosa a la que se conoce como «diplomacia de los rehenes».

Un largo número de corresponsales de medios extranjeros han sido objeto de distintos ataques: pérdida de la acreditación de prensa, denegación de la entrada en Rusia, acoso por parte de «ciudadanos descontentos con sus reportajes» o que a los compañeros rusos que les ayudan se les tilde de «agentes extranjeros».

Silenciar a la oposición: la criminalización de la disidencia

Posteriormente, en abril de 2023, un tribunal ruso sentenció al periodista y líder activista de la oposición, Vladimir Kará-Murza, a 25 años de prisión en una colonia penitenciaria tras acusarle de alta traición y otros cargos con trasfondo político. El ganador en 2022 del Premio de Derechos Humanos, Václav Havel, fue detenido el 11 de abril de 2022, poco después de haber vuelto a Rusia tras la invasión a gran escala de Ucrania.

Las autoridades rusas volvieron a tensar la soga en mayo de 2023 calificando de «indeseables» a 85 ONG. Recibir la consideración de «indeseable» tiene graves consecuencias. Por ejemplo, puedes perder los recursos económicos para cubrir tus propias necesidades y otras personas podrían ser consideradas delincuentes solo por tener contacto contigo. Básicamente, estás a un paso de ser tachado de traidor.

A lo largo del año, las autoridades también recurrieron frecuentemente a la práctica de etiquetar de «agentes extranjeros» a cualquier entidad o individuo ruso que pudiera resultar reprobable. El Ministerio de Justicia actualiza su lista de agentes extranjeros todos los viernes, lo que convierte a esta lista en una especie de pendiente resbaladiza hacia la denigración de tu persona a nivel nacional.

Un caso particularmente perverso de represión fue el de la dramaturga rusa Svetlana Petrichuk y la directora de teatro Zhenya Berkovish. Ambas habían representado una obra titulada Finist, el halcón radiante sobre mujeres rusas reclutadas por el Dáesh. En la obra se usaban testimonios de mujeres rusas para transmitir un mensaje antiextremista. Tras debutar en Moscú en 2021, la obra recibió muy buenas críticas y fue galardonada con dos Máscaras de Oro, los premios nacionales de teatro en Rusia.

Pero el 5 de mayo 2023, Petrichuk y Berkovish fueron arrestadas y acusadas por «justificación del terrorismo». La evidencia procede en gran medida de un único documento aportado por nacionalistas rusos, que acusan a ambas de defender una mezcla entre la «ideología del Dáesh» y el «feminismo radical». Desde ese momento, las autoridades mantienen a ambas en un aislamiento provisional, que ha sido ampliado ya varias veces. Sus poemas antibelicistas probablemente atrajeron la atención negativa del Kremlin.

«Sabemos dónde estás»

También en mayo de 2023, Natalia Arno, la directora con base en EE. UU. de la Free Russia Foundation, declaró que probablemente había sido envenenada durante un viaje a Praga a principios de mes. Afortunadamente, sus síntomas han remitido en parte desde entonces. Sin embargo, el suceso levanta sospechas, puesto que el Kremlin tiene un historial bien documentado de envenenamientos y métodos similares para asesinar a los que percibe como adversarios.

En agosto, la fiscalía alemana anunció que estaba investigando el posible intento de asesinato de otra periodista rusa, Elena Kostyuchenko. La periodista empezó a encontrarse mal un día de octubre de 2022 cuando viajaba en tren de Múnich a Berlín y cree que pudo haber sido envenenada. Era una de los tres periodistas rusos exiliados en aquel momento que empezaron a sentir síntomas de envenenamiento. Si el Kremlin está detrás de estos ataques, es probable que estas tácticas mafiosas estén pensadas para amedrentar a los periodistas o activistas políticos rusos y hacerles guardar silencio.

En julio de 2023 se produjo una pequeña avalancha de ataques y restricciones. A principios de mes, en Chechenia, unos asaltantes desconocidos agredieron a la periodista rusa Elena Milashina y al abogado Alexander Nemov, cuando se dirigían a conocer la sentencia del caso de una activista de derechos humanos. La agresión se produjo en el contexto de otros ataques violentos contra periodistas en la región del Cáucaso septentrional, especialmente en Chechenia, mientras hacían su trabajo. El mensaje es alto y claro.

Extraer más de rédito de Navalni

Después, el 20 de julio, la fiscalía rusa pidió 20 años más de condena en una colonia penitenciaria para el opositor ruso Alekséi Navalni por un delito de traición. Se le acusó de un ridículo cargo de mal comportamiento en prisión. Unos días después, un tribunal sentenció a un partidario de Navalni a nueve años de cárcel por formar parte de una supuesta «comunidad extremista». Sus abogados fueron detenidos varias veces solo por hacer su trabajo. Todo indica que las autoridades quieren que todo el mundo sepa que no hay espacio para la disidencia. En agosto, un tribunal ruso cumplió casi al completo la petición de la fiscalía condenando a Navalni a otros 19 años de prisión.

Ni siquiera las parejas o las madres de los soldados rusos han podido escapar a la represión. El 28 de julio, el Consejo de Madres y Esposas, una organización que defendía los intereses de los hombres movilizados y reclutados en el ejército ruso, abandonó sus actividades después de que las autoridades rusas la calificaran de «agente extranjero».

La pendiente resbaladiza de las decisiones administrativas

Mientras tanto, sigue cayendo gente por la pendiente resbaladiza que supone ser tachado de «agente extranjero». Esta vez la víctima fue el periodista ganador de un Premio Nobel Dmitry Muratov, director del periódico Novaya Gazeta. Novaya Gazeta, un prestigioso medio independiente fundado en 1993, echó el cierre en Rusia en marzo de 2022 y empezó a funcionar como una nueva entidad en Letonia, adonde trasladó muchas de sus operaciones. Muratov dimitió y permanece en Rusia junto con otros miembros de la redacción.

A finales de 2023, hubo dos casos de censura destacables. El primero de ellos concierne a la editorial AST, que suspendió la venta de libros del periodista, escritor y poeta ruso Dmitry Bykov y el conocido escritor de origen rusogeorgiano Boris Akunin por sus opiniones contra la guerra en Ucrania. El Kremlin añadió posteriormente a Akunin a la lista de «extremistas y terroristas» del servicio estatal de supervisión financiera Rosfinmonitoring. El Comité de Investigación de Rusia llegó a emitir una orden de búsqueda contra Akunin, que ahora vive en el Reino Unido, bajo la acusación de «justificar el terrorismo» y difundir «noticias falsas».

Más cruel, más mezquina, más mortífera, más rápida

En 2024, las autoridades rusas han seguido apretando las tuercas a lo que queda de la oposición rusa y a menudo lo han hecho de forma cruel y mezquina. El 30 de enero se supo que las autoridades rusas habían usado una supuesta infracción de poca importancia como justificación para trasladar a Vladimir Kará-Murza a una nueva colonia penitenciaria de Siberia. Allí Kará-Murza pasó cuatro meses en régimen de aislamiento.

Semanas más tarde, en marzo de 2024, la detención de Petrichuk y Berkovish se prorrogó de nuevo hasta abril en una nueva vista, sin que haya ninguna fecha de juicio prevista.

Desde febrero hasta ahora, el relato dominante ha estado relacionado con la repentina muerte de Alekséi Navalni en una prisión de Siberia y el arresto de cientos de personas que le rendían homenaje en los memoriales que se improvisaron por toda Rusia. A pesar de su muerte, el Kremlin no ha cejado en sus intentos de complicarle la vida a los líderes de la sociedad civil. El 20 de febrero, Rosfinmonitoring añadió a su lista de extremistas y terroristas a Evgeniya Chirikova, una activista medioambiental rusa, y a Ivan Tyutrin, un político de la oposición. Ambos forman parte del Comité Permanente de Free Russia Forum y ambos viven fuera de Rusia.

Ir por las voces más prominentes

Otros que viven en Rusia no han podido eludir el arresto. El sustituto de Dmitry Muratov en el puesto de director, Sergei Sokolov, fue también detenido el 29 de febrero de 2024 acusado de desacreditar al ejército ruso. Alrededor de esa fecha, un tribunal sentenció a Oleg Orlov a dos años y medio de prisión por denunciar la guerra en Ucrania. Orlov, presidente de la organización de derechos humanos Memorial, es famoso desde la época de la Unión Soviética y recibió el Premio Nobel de la Paz en 2022.

y asfixiarlas económicamente

En marzo de 2024, el Parlamento ruso aprobó una ley que tipifica como delito anunciarse en organizaciones consideradas «agentes extranjeros». Aceptar publicidad y violar la ley dos veces al año podrían suponer dos años de prisión para el «agente extranjero». Se trata de una nueva forma de asfixiar el funcionamiento práctico de muchos medios independientes o iniciativas relativas a medios de comunicación democráticos y surgidos desde la base. En gran medida, estas iniciativas han sobrevivido gracias a una financiación colectiva a menor escala que hasta ahora había pasado desapercibida. Pero ya no.

Prueba de ello es que, a principios de marzo de 2024, la periodista Katerina Gordeeva anunció que se había visto obligada a suspender su programa de YouTube titulado «Dile a Gordeeva», principalmente porque el Kremlin la había calificado de «agente extranjera», lo que hacía imposible que el programa atrajera publicidad.

Además, el Ministerio del Interior ruso añadió al periodista británico Tom Rogan a su lista de personas buscadas después de que Rosfinmonitoring lo incluyera en su lista de extremistas y terroristas.

El marco más amplio de la represión

Para terminar, mencionaremos un artículo reciente publicado tras la muerte de Navalni por Project, un medio ruso independiente dedicado al periodismo de investigación. El artículo es tremendamente esclarecedor. Project descubrió que durante las últimas seis semanas, las autoridades rusas han reprimido directamente a al menos 116 000 personas. Esta cifra excede a la de las personas reprimidas en la URSS bajo Jrushchov y Brézhnev y es con probabilidad una cifra inferior a la real.

La cólera institucionalizada de Putin contra todos sus enemigos, reales o percibidos, se está magnificando cada vez más mediante una burocracia más y más eficiente, y sigue haciéndose más cruel, más mezquina, más mortífera y más rápida.

 

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Los casos de la base de datos de EUvsDisinfo se centran en mensajes del espacio informativo internacional que ofrecen una representación parcial, distorsionada o falsa de la realidad y que difunden mensajes pro-Kremlin claves. Sin embargo, esto no implica necesariamente que un determinado medio esté vinculado al Kremlin o que su línea editorial sea pro-Kremlin, ni que haya pretendido desinformar de forma intencionada. Las publicaciones de EUvsDisinfo no representan la postura oficial de la UE, puesto que la información y las opiniones expresadas se basan en los informes y análisis de los medios de comunicación del Grupo de Trabajo East StratCom.

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