Lo más destacado de la investigación sobre desinformación de 2021

El corpus científico crece con gran rapidez, de modo que hoy día sabemos mucho más sobre mecánica cuántica y la repercusión de la desinformación de lo que sabíamos hace unos años. También sabemos más sobre lo que aún no sabemos. ¿Qué aprendimos este año?

Si nos centramos en el término desinformación, que es tan solo una de las muchas palabras clave relacionadas con este campo, podemos observar una tendencia al alza constante. Según Google Scholar —la mayor base de datos de publicaciones científicas— en 2011, la palabra desinformación apareció en 2 610 trabajos de investigación. En 2016, esta cifra había aumentado a 3 850 y, en 2020, alcanzó un nuevo máximo con 17 100. Este año se han documentado, hasta el momento, 16 000 textos, pero es muy pronto para saber si de verdad hemos alcanzado o no el pico de desinformación. Lo más seguro es que no.

Dicho lo cual, todavía hay muchas cosas que no sabemos sobre la desinformación y muchos aspectos de este fenómeno siguen siendo difíciles de conocer. A veces parece como buscarle tres pies al gato, pero no nos queda más remedio que seguir intentándolo. Muchas preguntas que aún no tienen una respuesta lo suficientemente detallada están relacionadas con la repercusión de la desinformación en nuestra sociedad, pero también con la eficacia de nuestras respuestas a ella.

Le ofrecemos un resumen de lo más destacado de la investigación relacionada con la desinformación publicada este año. No se trata de una recopilación pormenorizada ni necesariamente representativa de todas las investigaciones realizadas, sino nuestra selección de algunas de las tendencias más relevantes.

No se puede prescindir de la COVID-19 (todavía)

Como era previsible, se escribieron un montón de artículos de investigación, desde todos los ángulos posibles, sobre la desinformación relacionada con la COVID-19. Se puede asegurar, sin riesgo a equivocarse, que el enorme aumento de la investigación dedicada a la desinformación observado en 2020 se debió al estallido de la pandemia y la infodemia concomitante, tal y como la denominó la Organización Mundial de la Salud.

Una de las mejores recopilaciones de lecturas sobre este tema aparece en un número especial de «Big Data & Society», publicado en mayo y dedicado al estudio de la infodemia de la COVID-19 a gran escala. Contiene artículos sobre la intersección de la infodemiología, los datos masivos y la información errónea y la desinformación relacionada con la COVID-19.

La recopilación abre con un útil manual escrito por Kacper T. Gradoń, Janusz A. Hołyst y Wesley R. Moy sobre la difusión de información errónea y desinformación como un reto para la salud pública. Los autores ofrecen una descripción general de oportunidades seleccionadas para emplear tecnología con el fin de estudiar y combatir la desinformación: el aprendizaje automático, la prospección de datos y textos y el análisis de sentimientos son solo algunas de ellas.

Otro artículo interesante escrito por Kai-Cheng Yang, Francesco Pierri y Pik-Mai Hui comparó la difusión de contenidos de baja credibilidad en Facebook y Twitter. Las dos plataformas comparten la presencia de «superpropagadores», una minoría de usuarios influyentes que generan la mayoría de los contenidos (incluidos los tóxicos). En ambas plataformas existen pruebas que indican un comportamiento coordinado y no genuino. Por último, pero no por ello menos importante, en el artículo se pone de manifiesto cómo la incoherencia de las políticas de acceso a datos limita las capacidades de los investigadores para estudiar manipulaciones perjudiciales de los ecosistemas informativos.

No es de extrañar que la pandemia también desencadenara un tsunami de teorías conspirativas que se extendió por todo el mundo. La necesidad de dar sentido a lo que sucede a nuestro alrededor es algo muy humano, pero no todos nos conformamos con las explicaciones triviales y técnicas que subyacen a la mayoría de los acontecimientos en curso. Una vez en «la madriguera del conejo», es difícil salir, ya que creer en una teoría de la conspiración suele llevar a creer en otra, y así sucesivamente. A principios de este año, la Agencia Sueca de Contingencias Civiles (MSB, por sus siglas en sueco) encargó un informe esclarecedor sobre las teorías conspirativas relacionadas con la COVID-19, que abarca todo el espectro de las mismas, desde la teoría y los ejemplos hasta las formas de responder a ellas. Aunque se centra en Suecia, las conclusiones son aplicables a nivel internacional.

En cuanto a las posibles soluciones a la desinformación en general, Melisa Basol, Jon Roozenbeek y Manon Berriche intentaron descifrar el concepto de inmunidad psicológica colectiva. Evaluaron la eficacia de dos estrategias para desmentir destinadas a mejorar la capacidad de las personas para detectar técnicas de manipulación comúnmente empleadas en la desinformación relacionada con la COVID-19. Los autores descubrieron que Go Viral!, un juego en línea disponible en una docena de lenguas, mejora la confianza de las personas en su capacidad para detectar información errónea y desinformación y, además, reduce su disposición a compartirla con otros.

Go Viral!
mejora la confianza de las personas en su capacidad para detectar desinformación y reduce su disposición a compartirla.

La vertiente psicológica de la desinformación

El año 2021 fue en el que se prestó más atención a los aspectos conductuales de la manipulación de la información. Ahondando más en los aspectos psicológicos de la desinformación, Gordon Pennycook y David G. Rand, dos figuras destacadas en este campo, presentaron una revisión oportuna de los últimos avances en la materia. Ofrecen pruebas que refutan la narrativa común de que el partidismo y el razonamiento políticamente motivado explican por qué las personas sucumben a la información errónea y la desinformación. Por el contrario, vinculan el escaso discernimiento de la verdad con la falta de razonamiento y conocimientos pertinentes. Además, existe una gran desconexión entre lo que las personas creen y lo que comparten en las redes sociales: un efecto favorecido en gran medida por la falta de atención.

Existe una gran desconexión entre lo que las personas creen y lo que comparten en las redes sociales.
Un efecto favorecido en gran medida por la falta de atención.

Si bien se han realizado muchas investigaciones sobre las razones para creer en la información falsa, se sabe bastante menos sobre el fenómeno de confundir información verdadera con información falsa, un aspecto igual de importante. Cornelia Sindermann y otros nos ofrecen una perspectiva de este último aspecto. Exponen que el uso de múltiples fuentes de noticias, informarse sobre acontecimientos recientes, ampliar los propios conocimientos específicos de la cultura y (re)adquirir confianza constituyen métodos para distinguir adecuadamente la información verdadera.

La psicología no solo nos ayuda a comprender la difusión de información errónea y desinformación, sino que también constituye un elemento fundamental para frenarla. Sander van der Linden, Jon Roozenbeek y otros nos ofrecen una serie de posibles intervenciones, centradas sobre todo en métodos correctivos (desmentir) y preventivos (inoculación psicológica). Además, proporcionan una agenda de investigación sobre preguntas sin responder dentro del campo de la ciencia psicológica relacionadas con cómo y por qué se propaga la información errónea y la desinformación, así como la mejor manera de contrarrestarla.

¿Desmentir o no desmentir?

No deja de ser irónico que algunas narrativas en torno a la eficacia de la verificación de hechos necesiten ser a su vez verificadas. Probablemente, muchos de ustedes hayan oído la afirmación de que la verificación de hechos puede resultar contraproducente y hacer que las personas ahonden más en sus creencias. Por lo tanto, esta estrategia debe evitarse. La mayoría de los artículos que afirman esto y hacen referencia a una fuente, si es que lo hacen, señalan a uno de los dos estudios realizados hace cerca de un decenio. Con todo, casi ninguno de los estudios ulteriores ha logrado repetir esos resultados.

Nadia M. Brashier y otros evaluaron si el efecto a largo plazo de las verificaciones de hechos depende del momento en que las personas las reciben. Atención, le vamos a arruinar la sorpresa: lo hace. Los autores averiguaron que proporcionar verificaciones de hechos después de los titulares (es decir, desacreditar) mejoró el discernimiento ulterior de la verdad más que proporcionar la misma información durante (es decir, etiquetar) o antes (es decir, inocular) de la exposición.

La verificación de hechos ha recibido bastante atención como una posible herramienta para reducir la difusión y el efecto negativo de la información errónea y la desinformación, pero se sabe menos sobre si la verificación de hechos disminuye las ganas de las personas de compartir información errónea y desinformación en las redes sociales, así como la manera en la que lo hace. Myojung Chung y Nuri Kim realizaron dos experimentos para examinar este hecho. Descubrieron que la exposición a información errónea y desinformación, junto con información sobre la verificación de hechos, aumentaba la creencia de que los demás están más influenciados por las noticias que uno mismo. Esto, a su vez, redujo las ganas de compartir información errónea y desinformación en las redes sociales.

Otro aspecto de la verificación de hechos al que aún no se le ha prestado la suficiente atención está relacionado con el mundo de la publicidad. Este verano, Jessica Fong, Tong Guo y Anita Rao analizaron si desmentir hechos puede reducir el efecto de la información errónea y la desinformación en el comportamiento de compra de los consumidores. Los resultados de su estudio revelan que sí puede. Este hallazgo es importante tanto para las empresas privadas que hacen publicidad como para los responsables políticos.

La gran variedad de la desinformación

La investigación sobre la información errónea y la desinformación tiende a centrarse de manera desproporcionada en las formas textuales de la misma. A la par, cada vez más personas tienden a preferir la información en otros medios, ya sea a través de audios, vídeos o imágenes. A principios de este año, Viorela Dan, Britt Paris, Joan Donovan y otros publicaron una amplia revisión del estado actual de la información errónea y la desinformación visual, que abarca temas como, por ejemplo, los efectos de la información errónea y la desinformación visual hasta las infames ultrafalsificaciones.

LOS MEMES NO SON FUENTES DE INFORMACIÓN FIABLES
EXCEPTO ESTE MEME,
ESTE SÍ QUE ES MUY FIABLE

Con respecto a las ultrafalsificaciones, Michael Yankoski, Walter Scheirer y Tim Weninger nos aconsejan que nos centremos en las falsificaciones populares, no perfectas, en su artículo de investigación sobre la guerra de los memes. Aunque son una posible amenaza, los autores argumentan que los contenidos falsos sofisticados no constituyen el problema más acuciante. En cambio, el reto radica en detectar y comprender contenidos con una producción mucho más burda y disponibles más fácilmente: los memes.

El reto consiste en detectar y comprender los memes.

Conclusión

Si bien abordar el trastorno informativo constituye un gran reto, somos optimistas, ya que las expectativas van mejorando cada año.

Al igual que para frenar la propagación de la COVID-19, es importante que no nos sentemos de brazos cruzados a esperar a que cristalice la verdad última, sino que actuemos ahora con los mejores conocimientos que tengamos a nuestra disposición en este momento. En EUvsDisinfo nuestro objetivo es hacer exactamente eso y seguir brindándole lo último sobre manipulación e injerencia extranjera informativa. ¡Nos vemos en 2022!

Para más inspiración para la lectura, no olvide visitar y guardar en sus marcadores nuestra sección de lectura.

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Los casos de la base de datos de EUvsDisinfo se centran en mensajes del espacio informativo internacional que ofrecen una representación parcial, distorsionada o falsa de la realidad y que difunden mensajes pro-Kremlin claves. Sin embargo, esto no implica necesariamente que un determinado medio esté vinculado al Kremlin o que su línea editorial sea pro-Kremlin, ni que haya pretendido desinformar de forma intencionada. Las publicaciones de EUvsDisinfo no representan la postura oficial de la UE, puesto que la información y las opiniones expresadas se basan en los informes y análisis de los medios de comunicación del Grupo de Trabajo East StratCom.

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