Los secuaces del Kremlin demonizan los Juegos Olímpicos de París

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Para la mayoría de las personas, los Juegos Olímpicos son motivo de orgullo e ilusión. Sin embargo, los divulgadores de desinformación del Kremlin no están precisamente contentos. Sus atletas no han podido competir bajo la bandera rusa debido a la continuada agresión de Rusia contra Ucrania. Así pues, el Kremlin se ha dedicado a calumniar los Juegos de París y todo lo relacionado con ellos.

Los comentaristas de desinformación pro-Kremlin han atacado a la boxeadora argelina Imane Khelif al afirmar, sin prueba alguna, que es un hombre. Esta polémica se remonta al año pasado, cuando Khelif se impuso en Nueva Deli ante una boxeadora rusa hasta entonces invicta. Pocos días después, la Asociación Internacional de Boxeo (IBA), presidida por un ruso, afirmó que una prueba había revelado que Khelif tenía cromosomas XY. Sin embargo, nunca se dieron a conocer detalles concretos sobre dicha prueba.

En 2023, el Comité Olímpico Internacional (COI) retiró el reconocimiento a la IBA tras una serie de acusaciones prolongadas de corrupción. Recientemente, el presidente de la IBA, el ruso Umar Kremlev, se refirió al presidente del COI, Thomas Bach, como un «sodomita en jefe». El 5 de agosto, en una caótica rueda de prensa, Kremlev difundió narrativas de desinformación pro-Kremlin sobre la ceremonia de inauguración de los Juegos.

El Kremlin también ha intentado desprestigiar a los Juegos de París en términos más generales mediante distintas narrativas de desinformación. El denominador común en todas ellas ha sido el uso de ataques sucios y sin ningún tipo de vergüenza. Por ejemplo, el presentador de televisión pro-Kremlin Vladimir Solovyov atacó la ceremonia inaugural con insultos homófobos, llamando a los dirigentes franceses líderes del «movimiento maricón».

A continuación detallamos otras tres principales narrativas de desinformación sobre los Juegos, caracterizadas por su cinismo, explotación, maldad, crueldad y desvergüenza. Hay cosas que no cambian, ni siquiera durante los Juegos Olímpicos.

Cuando el abusón lloriquea

La primera gran narrativa fue difundida por comentaristas prorrusos que afirmaban que la ausencia de Rusia en los Juegos Olímpicos de París no tenía nada que ver con la invasión a gran escala de Ucrania por parte del Kremlin, sino que los atletas rusos no podían competir bajo la bandera rusa porque la UE y ciertos países europeos son nazis y rusófobos. Una vez más, el agresivo Kremlin se presentó a sí mismo como la víctima.

Los ejemplos son numerosos. En un artículo se afirmaba que la ciudadanía europea no puede ser desnazificada, que tiene un «amor apasionado por la buena vida a costa de los demás», que considera a los rusos «Untermenschen» y que es antisemita. En otro se tachaba a los Juegos de «cumbre de la rusofobia» y al COI, de «sucursal deportiva de la UE». Y en un tercer artículo se acusaba absurdamente a los Estados bálticos, Polonia y el Reino Unido de «discriminación racial» contra los atletas rusos.

El Kremlin ha recurrido en numerosas ocasiones a su habitual táctica de invertir la culpa, presentando a Rusia como la víctima y eludiendo la responsabilidad por sus actos. En su lugar, acusa a la UE y al COI de ser los responsables por atreverse a contrariar las acciones rusas. Un comentarista citó y alabó a Valentina Rodioenko, primera entrenadora del equipo ruso de gimnasia, por haber afirmado que la ausencia de Rusia era una «vergüenza» para el COI. Esta idea es tan absurda como que un niño de 12 años llame «desgraciado» a un camarero que se niega a servirle una botella de vodka.

El mismo artículo sostenía que los Juegos iban a carecer de interés alguno sin la participación de Rusia. Sin embargo, los Juegos han salido bastante bien sin Rusia. En EE. UU., la audiencia de la ceremonia inaugural fue un 79 % superior a la de 2021 en Tokio. En Francia, se han batido récords de audiencia. En total, se estima que en Europa, solo a través de la plataforma Discovery+, unos 100 millones de personas han visto los Juegos, lo que ha superado todas las expectativas.

Satanás apunta al oro

La segunda narrativa va más allá de simples quejas y se dedica a lanzar acusaciones mucho más disparatadas. Básicamente, los comentaristas y medios pro-Kremlin sostienen que incluso el mismo Satanás está compitiendo en los juegos de París, ganando todas las medallas de oro y que los habituales culpables de todo le otorgan las puntuaciones más altas. En esta narrativa, la homofobia y el antisemitismo flagrante del Kremlin eclipsan las acusaciones vacías de rusofobia.

Este discurso sobre el satanismo se fundamenta en una escena poco convencional de la ceremonia de apertura: una representación de Dionisio, el dios griego de las fiestas y el vino, llegando a un festival pagano. Al fin y al cabo, los Juegos Olímpicos tienen su origen en la antigua Grecia. Sin embargo, algunos consideraron la escena como una burla al cuadro de Leonardo da Vinci «La última cena» y al cristianismo en general. Los organizadores franceses han insistido en que no tenían intención de hacer ninguna mofa.

Los comentaristas pro-Kremlin aprovecharon la expectación en torno a la ceremonia inaugural para difundir su ya conocida narrativa de desinformación que afirma que Occidente busca destruir todo lo bueno y decente de las sociedades tradicionales. Por ejemplo, un artículo aseveró que los organizadores de los Juegos habían «convertido a lesbianas, transexuales y prostitutas en los héroes de la última cena». Otro comentarista afirmó vehementemente que la ceremonia había sido un sermón en favor de la «depravación sexual». También sostuvo que los «pervertidos» (el término que usa para referirse a los homosexuales) «provocan guerras mundiales».

Sin embargo, esta obsesión por La última cena fue solamente la punta del iceberg de las tonterías. Imaginemos que los autores de artículos pro-Kremlin compitieran en unos Juegos Olímpicos de la desinformación: ¿quiénes ganarían las medallas en función del nivel de histeria en sus palabras?

El podio de desinformación del Kremlin

Una figura del Kremlin, en referencia al director artístico de la ceremonia y destacado activista LGTBIQ+, afirmó lo siguiente: «El judío gay Thomas Jolly eligió a la judía lesbiana Barbara Butch para interpretar a Jesús». Medalla más que merecida para el comentario más repulsivamente falso, antisemita y homófobo que hemos visto.

Sin embargo, apareció otro serio aspirante a medalla, quien describió la ceremonia de apertura como un «aquelarre de brujas», un «acto diabólico» y una «burla del cristianismo» que «indignó a la inmensa mayoría de la humanidad». Esto le vale la medalla de plata por mantenerse fiel a la falsa preocupación del Kremlin por proteger los «valores tradicionales».

Otros participantes dieron lo mejor de sí mismos para hacerse con el tercer puesto. Un artículo afirmó que Occidente es el mismo diablo y que debe ser destruido. Este argumento ya aburre un poco. Otro sugirió que las medallas de estos Juegos deberían ser una cruz invertida de Satanás. Un esfuerzo mediocre que claramente no merece el bronce. Un tercer artículo afirmó haber encontrado señales de francmasonería y pedofilia en la ceremonia.

Y tenemos un último participante. Un comentarista afirmó lo siguiente en la versión bielorrusa de Sputnik: «Los organizadores de los Juegos Olímpicos de París anunciaron el Apocalipsis mediante la figura de la Muerte, el jinete sobre un caballo blanco, el final del proyecto bíblico, el descenso a los infiernos en forma de transhumanismo y la transformación de los pueblos en una horda dirigida por el Anticristo». Este nivel de acrobacias mentales en la desinformación pro-Kremlin merece al menos una mención honorífica, si no un lugar destacado en el podio de la desinformación del Kremlin.

Nuestros Juegos Olímpicos fueron mejores que los vuestros

Algunos comentarios trataron de argumentar que, de todos modos, Rusia no tenía ninguna necesidad de participar en los Juegos Olímpicos porque los eventos deportivos que se celebran en Rusia siempre han sido mejores. Esta narrativa ha sido particularmente prominente en los medios en árabe, aunque también un comentarista en lengua inglesa criticó injustificadamente el afrancesamiento de los Juegos.

Un artículo mencionó el sabotaje contra los servicios ferroviarios franceses mientras comparaba negativamente los Juegos Olímpicos de París con los de Sochi 2014 y el Mundial de Fútbol de Moscú 2018. Como cabía esperar, el vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, Dmitri Medvédev, tachó los Juegos de París de «patéticos» en comparación con eventos deportivos previos celebrados en Rusia.

Los medios pro-Kremlin buscaron minuciosamente cualquier comentario negativo hecho por figuras mediáticas o participantes sobre los Juegos. Destacaron las palabras de un jugador egipcio, quien afirmó que los atletas estaban sufriendo falta de comida y agua. También se hicieron eco de la queja de un presentador italiano sobre el café, que era de tal calidad que parecía estar hecho con agua sucia del Sena.

Por último, la maquinaria de desinformación rusa no podía dejar pasar la oportunidad de sacar provecho de las atletas humilladas y dolidas. El 5 de agosto se publicaron varios artículos lamentando que algunos medios occidentales hubieran señalado (con todo acierto) que la IBA está bajo control ruso y, dicho sea de paso, es una organización homófoba.

Por supuesto, los comentaristas redoblaron la apuesta, haciendo alarde de su homofobia al tiempo que afirmaban falsamente que a los hombres en los Juegos Olímpicos de París se les permite agredir a las mujeres en público. El artículo en cuestión señalaba, en referencia a la polémica en torno a Khelif inventada por la IBA, que «el movimiento LGTB está prohibido en territorio ruso». Esta afirmación resulta un poco confusa, puesto que los comentaristas habían acusado falsamente a Khelif de ser transexual, no lesbiana, aunque, entre tanta patraña, esto en realidad poco importa. El artículo continuaba: «La palabra LGTB debería ser prohibida, puesto que es pura perversión y debería ser llamada así, perversión». Únicamente alguien con muy mal perder puede llegar a escribir comentarios de esta índole.

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