Reflexiones tras dos años de guerra y desinformación
Hace dos años, el 24 de febrero de 2022, Rusia comenzó una invasión brutal y a gran escala contra su pacífica vecina Ucrania, lo que cambió el mundo para siempre. Son muchos los recuerdos acumulados en estos dos últimos años. Algunos de ellos traumáticos y dolorosos, como las estremecedoras atrocidades cometidas por Rusia en Bucha; otros, llenos de optimismo y determinación, como la liberación de Jersón por parte de Ucrania de los invasores rusos.
En estos últimos dos años hemos hecho mucho más que reunir recuerdos, también hemos examinado montones y montones de desinformación pro-Kremlin destinada a alimentar la maquinaria bélica rusa con odio y mentiras. Así que, cuando recordamos el #24Feb2022, también pensamos en toda la desinformación pro-Kremlin que hemos procurado denunciar en nuestra plataforma EUvsDisinfo. A continuación encontrará una muestra de algunos de los temas de la desinformación pro-Kremlin que han quedado intrínsecamente vinculados a nuestra memoria de la guerra.
La brutalidad de los crímenes de guerra rusos en Mariúpol y Bucha
El bombardeo contra la sala de maternidad número 3 en Mariúpol es un crimen de guerra que se cobró la vida de civiles inocentes, incluidos niños. Altos cargos rusos confirmaron haber atentado específicamente contra las instalaciones, pero aseverando que se trataba de un bastión de «radicales». Estaban mintiendo.
Rusia también buscó usar la desinformación no solamente para eludir su responsabilidad ante las atrocidades cometidas en Bucha, sino también para anticiparse y dar forma a narrativas que pueden servir para rebatir y desacreditar cualquier prueba o investigación sobre los crímenes de guerra que Rusia ha perpetrado en Ucrania. Además, un año más tarde, surgió una nueva oleada de falsedades pro-Kremlin sobre los crímenes cometidos por Rusia en Bucha.
Falsas y vacías promesas de paz
Cuando la «operación de tres días» de Rusia fracasó inevitablemente y se desmoronó ante la firme resistencia del pueblo ucraniano, el Kremlin inició una avalancha de supuestas «propuestas de paz», que consistían esencialmente en exigir de forma unilateral que Ucrania se rindiera y cediera los territorios ocupados temporalmente por los invasores rusos. Conseguir una paz justa y duradera nunca estuvo en los intereses del Kremlin: en realidad, todas las declaraciones acerca de la paz estaban moldeadas para reforzar la imagen internacional de Rusia. En última instancia, el Kremlin solamente hace uso de su «narrativa de paz» para ocultar el apetito bélico de Rusia.
Dejando que el mundo se muera de hambre
La invasión de Ucrania por parte de Rusia desestabilizó los mercados alimentarios mundiales, mientras que la desinformación rusa sobre la seguridad alimentaria trató de exacerbar las tensiones, en un intento de eludir culpas y mermar el apoyo a Ucrania a nivel mundial. Además, como preparación para la Cumbre Rusoafricana, Putin redactó un artículo cargado de desinformación, en la neolengua del Kremlin, con el objetivo de engañar y distraer a la opinión pública y desviar su atención de los crímenes cometidos por Rusia. Esto es lo que Putin dijo y lo que realmente quería decir.
Alardes de potencial nuclear y alarmismo con respecto a biolaboratorios
En los últimos dos años, los propagadores de desinformación del Kremlin han agudizado su retórica nuclear para crear una falsa percepción de una «Rusia acorralada» a fin de intentar frenar y disuadir a Occidente de apoyar a Ucrania y de responder a la anexión rusa de territorios temporalmente ocupados en Ucrania. Tras el fracaso de esta estrategia, apareció una narrativa de desinformación pro-Kremlin mucho más cruda: altos cargos rusos y medios pro-Kremlin rescataron una afirmación algo desgastada, según la cual Kiev supuestamente planeaba detonar una bomba sucia o un arma con material radiactivo y culpar a Rusia de ello.
En una línea similar, la maquinaria de desinformación del Kremlin siguió inventándose cuentos sobre laboratorios biológicos en Ucrania y pruebas con armas biológicas mientras lanzaba sus tentáculos por todas partes. Así pues, preguntamos a un experto independiente sobre las diferencias fundamentales entre la investigación biológica legítima y el desarrollo de armas biológicas y por qué Rusia está difundiendo desinformación sobre la investigación biológica en Ucrania.
Incitación al odio y al genocidio
Tanto la incitación al odio como la deshumanización en torno a Ucrania se han convertido en recursos habituales de la jerga pro-Kremlin. Los llamamientos al genocidio se incorporan abiertamente en el discurso y sirven para preparar el terreno para los crímenes de guerra. La mayor parte de la ciudadanía rusa acepta esta política. De hecho, gran parte de estos discursos de odio vienen directamente de las altas esferas: desde los artículos y discursos de Putin en los principales medios estatales dando su beneplácito al genocidio, hasta el expresidente Medvédev deseando que la población ucraniana y la propia Ucrania «desaparezcan». El camino hacia las atrocidades empieza con la incitación al odio. Es un camino que va de Moscú a Bucha, pasando por Irpin, Mariúpol y otras localidades víctimas de dichas atrocidades. Un excelente ejemplo de ello es el destacado artículo «Lo que Rusia debería hacer con Ucrania», publicado en el mismo momento en el que el mundo contemplaba los horrores de Bucha y donde se detalla cómo debería ser tratada Ucrania o, mejor dicho, destruida. Estas escalofriantes ideas recuerdan a lo que Europa ya ha visto en guerras anteriores.
Chantaje energético
A los propagadores de desinformación del Kremlin les gusta hacer creer que la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia no tiene nada que ver con cualquier consecuencia negativa de sus ataques. Desde el inicio de la invasión a gran escala por parte de Rusia, los medios pro-Kremlin se han dedicado a difundir desinformación relacionada con la energía, todo ello con el objetivo de intentar ocultar la intención, por parte de Moscú, de usar el suministro de energía como chantaje para obtener de Occidente concesiones políticas, como el levantamiento de las sanciones o el apremio a Kiev para que acepte las exigencias rusas. A pesar de los discursos alarmistas y los chantajes, los intentos de manipulación del Kremlin no hicieron mella ante la resiliencia energética de Europa y las narrativas de desinformación del Kremlin en materia energética dirigidas contra Europa se quedaron en agua de borrajas puesto que, a pesar de sus sombrías predicciones, Europa no llegó precisamente a morirse de frío el pasado invierno.
Reescribir la historia para que encaje en los delirios imperiales de grandeza del Kremlin
El revisionismo histórico adopta formas muy perversas en Rusia. Uno de los intentos de manipulación más flagrantes del Kremlin es la reescritura de los libros de texto de historia, llenándolos de mentiras y desinformación pro-Kremlin, frecuentemente con el objetivo de ocultar que Rusia es efectivamente un imperio colonial que trata de esconder su condición a simple vista.
De hecho, el aparato de manipulación de información de Rusia aspira a contaminar el espacio informativo distorsionando la historia y creando una realidad paralela mediante el recurso a la historia como arma informativa en el contexto de la guerra a gran escala contra Ucrania. Uno de los objetivos del revisionismo histórico del Kremlin es buscar chivos expiatorios. En el deformado espejo de las ambiciones imperialistas de Moscú, además de Ucrania, Polonia también ha sido acusada de belicista y «vasalla» de EE. UU. y de querer anexionarse ciertos territorios de Ucrania y Bielorrusia.
La operación especial cultural de Rusia
Rusia lleva mucho tiempo usando la cultura como herramienta imperialista para imponer su supuesta supremacía sobre las naciones y etnias que habitan los territorios que ocupa. El Kremlin percibe la presencia cultural rusa en el exterior como un instrumento de dominación cultural. Puesto que Ucrania es el objetivo mayor y más inmediato en el punto de mira del Kremlin, Rusia lleva años, décadas y siglos creando una miríada de estrategias en los ámbitos intelectual y creativo.
Culpar a Occidente
Desviar la atención, diseñar paranoias y fabricar amenazas falsas es desde hace mucho tiempo la táctica número uno del Kremlin para manipular información. Los medios pro-Kremlin han denunciado en numerosas ocasiones que Occidente estaba a punto de invadir Rusia y que Ucrania estaba conspirando para usar bombas nucleares o poniendo en riesgo la fe ortodoxa. Todo ello para no llamar la atención sobre las sangrientas batallas, las atrocidades, las muertes de civiles y el continuo, deliberado e indiscriminado bombardeo de ciudades ucranianas.
La obsesión por los nazis
Putin ha intentado presentarse como el domador del neonazismo desde los albores de la guerra. Una estrategia de defensa infantil que la mayoría de nosotros conocemos. Si alguien te insulta, respondes «¡Quien lo dice lo es!» o «¡Mira quién habla!». Es decir, le acusas de haber cometido el mismo delito del que te han acusado a ti. Esta técnica retórica es una proyección; es decir, una forma de eludir la responsabilidad de tus propias acciones destructivas. ¿Por qué? Porque Putin intentó sacar la última carta que le quedaba para infundir miedo y conseguir movilizar a la sociedad rusa: hay nazis con armas químicas y muchas otras cosas mortíferas. «Nazi» es a la vez una etiqueta y una narrativa, y se distingue de las demás en que resume en una sola palabra el mito sobre el que se construye el régimen del Kremlin.