La conferencia sobre seguridad del Kremlin celebrada en Minsk no promovió la paz
¿Por qué fijarse en la conferencia de Minsk?
¿Por qué prestar atención a un evento en el que apenas se hizo nada por lograr una paz justa y duradera para Ucrania? La respuesta es que nos brinda una visión actualizada de cómo interpretan la «paz» los verdaderos organizadores del evento, vinculados a Moscú, así como de sus objetivos, de cómo los ocultan y de cómo intentan engañar a la opinión pública internacional.
Un avance autoproclamado
Los medios estatales de Bielorrusia y Rusia aseguraban que la II Conferencia Internacional de Minsk sobre Seguridad Euroasiática ofrecería las claves para un mundo libre de guerras, hambre y perturbaciones sociales. Podría decirse que los medios de ambos países entraron en una suerte de competición para magnificar el acontecimiento. Un reportaje de una televisión pública llegó a compararlo con la Conferencia de Seguridad de Múnich, uno de los foros más importantes del mundo en materia de seguridad internacional.
Otro reportaje trazó paralelos entre la conferencia de Minsk y la Conferencia de Teherán de 1943, en la que los líderes de Reino Unido, EE. UU. y la URSS debatieron la cooperación militar durante la Segunda Guerra Mundial y el futuro de Europa Central y Oriental una vez acabado el conflicto. Además, a Bielorrusia, por ser la sede del encuentro, se la presentó como la «líder» de una transformación histórica que permitiría pasar de un mundo «unipolar injusto» a uno «felizmente multipolar».
Occidente sumido en el caos, el fin del «mundo unipolar», el colapso inminente
El presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, intervino en la conferencia, pero los medios de comunicación bielorrusos controlados por el Estado repitieron como loros el discurso del orador principal, el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov. En esos medios, las políticas de los países occidentales se presentaron como la causa de prácticamente todos los problemas mundiales, incluidas las guerras, el hambre y los golpes de Estado.
Lavrov, en su extenso discurso, endureció sus ataques verbales mediante el uso de términos contundentes, como los de estas afirmaciones: «EE. UU., la OTAN y sus sometidos vasallos europeos solo quieren extender el conflicto a todo el espacio euroasiático» y «Estados Unidos sale ganando con la guerra en Ucrania». Además, reiteró las «propuestas» para la seguridad europea que Rusia presentó a la OTAN en diciembre de 2021 mediante la narrativa de que Rusia merece garantías de seguridad a largo plazo y que estas deben ser el punto de partida de unas posibles conversaciones de paz.
Ante esto, cabe preguntarse, ¿dónde están las garantías de seguridad para Ucrania? Consulte aquí los análisis que hemos realizado sobre la «propuesta» de Moscú y aquí otros artículos relacionados.
Por su parte, Lukashenko aseguró que el llamado sistema mundial unipolar, fomentado supuestamente por Occidente, estaría llegando a su fin. Además, declaró: «Se organizan revoluciones de colores a cambio de dinero occidental. En los países que se atreven a elegir su propio camino, se lleva al poder a líderes leales a Occidente y a claros títeres». Y prosiguió: «Mediante la injerencia en los asuntos internos de otros países, los países de la UE evitan que su población preste atención a sus propios problemas». El presidente bielorruso calificó la coyuntura de Alemania, Francia y Polonia de «extremadamente tensa» y predijo una posible guerra civil en EE. UU.
Esas declaraciones encajan con la trillada narrativa de desinformación sobre el colapso inminente de los países occidentales, muy conocida desde la Guerra Fría. En un reportaje de la televisión pública que se hizo eco de esta opinión, se afirmó que los conflictos militares de todo el mundo son el resultado del liderazgo global de los «anglosajones» y que su supuesto dominio, recogido en la expresión «mundo unipolar», estaría llegando a su fin con el «conflicto ucraniano». Un programa de propaganda de la televisión pública bielorrusa finalizaba diciendo que «los occidentales no pueden hacer más que llorar, pues, con sus errores, han creado sin querer un precioso sistema multipolar».
Los medios estatales bielorrusos promovieron la falsa idea de que, en cuestiones como la guerra de Ucrania o los acuerdos mundiales en materia de seguridad, la mayoría de los países se han alineado con el régimen bielorruso o con Rusia. En los informativos de una televisión pública se proclamó: «Bielorrusia está abogando por crear un espacio común de confianza y cooperación entre Occidente, que representa una minoría en el escenario geopolítico, y la mayoría global». Esta llamada «mayoría global» comparte no solo opiniones comunes sobre cuestiones económicas y de seguridad, sino también una ideología antinazi destinada a confrontar los intentos de Occidente de rehabilitar el nazismo para la guerra contra Rusia.
Abogar por la «mayoría global» o el «sur global», ¿en serio?
La llegada de la «mayoría global» a Minsk quedó ejemplificada por la participación en la conferencia de personas de más de 40 países, cifra que los medios estatales bielorrusos han mencionado en repetidas ocasiones. En realidad, la mayoría de los participantes parecía asistir a título personal o en representación de organizaciones no gubernamentales. De hecho, al encuentro solo asistieron representantes gubernamentales de unos pocos países, incluidos Hungría, Rusia, Serbia y Siria.
El discurso de Lavrov estuvo cargado de términos relativos a una Gran Asociación Euroasiática, así como de peticiones de colaboración con organizaciones y países afines de Asia, la región del Golfo, la ASEAN, la OCS, la CEI y el grupo CICA. El ministro también habló largo y tendido sobre Oriente Próximo y sobre lo estupendo que habría sido que Rusia hubiera tenido poder de decisión en esa región.
Si Moscú (y Lukashenko) simpatizan tanto con la «mayoría global», el veto a la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre Sudán, votada el 18 de noviembre, resulta todo un misterio. Así pues, el hecho de que Rusia, que es miembro permanente de dicho Consejo, vete una resolución que pedía un alto el fuego y mejores condiciones para los millones de civiles afectados por el conflicto no es más que una muestra de su hipocresía.
El comportamiento de Rusia durante el 79.º periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU también fue revelador, especialmente sus intentos de obstaculizar el Pacto para el Futuro, que finalmente fue adoptado. El pacto recoge 56 acciones, que incluyen compromisos en aras del multilateralismo, la Carta de las Naciones Unidas, el mantenimiento de la paz, la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU y el ajuste del sistema financiero internacional a favor del llamado sur global. Las acciones también deben abordar el cambio climático y promover el desarme.
El obstruccionismo de Rusia en la AGNU se disfrazó bajo el pretexto del «principio de no injerencia en los asuntos internos de los Estados», pero recibió críticas generalizadas y contundentes. La República Democrática del Congo presentó una moción para rechazar la postura de Rusia, que fue aceptada por una mayoría de 143 Estados de los 193 que componen la Asamblea General de la ONU. La postura de Rusia solo fue respaldada por Bielorrusia, Corea del Norte, Irán, Nicaragua y Siria.
Curiosamente, al contrario de lo ocurrido con la conferencia de Minsk, la propaganda estatal rusa y bielorrusa ridiculizó y menospreció la Cumbre sobre la Fórmula de Paz celebrada en Suiza los días 15 y 16 de junio de 2024. No obstante, en ese proceso participaron 110 países y organizaciones, 92 de ellos a través de sus jefes de Estado o de Gobierno y de delegados de alto nivel.
¿Qué nos ha dejado la conferencia de Minsk?
A juzgar por los reportajes de los medios estatales, las dos principales propuestas presentadas en la conferencia para lograr una convivencia más pacífica y segura fueron prohibir todas las sanciones económicas que no cuenten con la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU y retirar de Europa el arsenal nuclear estadounidense.
La llamada Carta Euroasiática de la Diversidad y la Multipolaridad en el Siglo XXI fue presentada como el resultado principal de la conferencia. Cabe destacar que la agencia de noticias rusa TASS anunció, citando a Lavrov, que la Carta Euroasiática había sido iniciada por Rusia y que el documento se completaría para la próxima conferencia anual de seguridad de Minsk.
La guerra contra Ucrania, en segundo plano
Es importante señalar que el discurso de Lukashenko en la conferencia, junto con la cobertura de la propaganda estatal, intentó minimizar la importancia de la guerra de Rusia contra Ucrania en cuanto a la seguridad regional, presentándola como uno de tantos conflictos armados actualmente en curso a nivel mundial. Por ejemplo, en un informativo de televisión se afirmó: «Decenas de conflictos militares están ocurriendo en diversos puntos del planeta y amenazan con provocar una desestabilización mundial». El informativo atribuyó al evento de Minsk la capacidad de evitar dicha catástrofe. En consecuencia, la conferencia se reivindicó como un acto de trascendencia global.
A Lukashenko no solo se le atribuyó la organización de la conferencia de Minsk, sino que los medios de comunicación estatales lo presentaron como un renombrado mediador para la paz. Lukashenko es «mundialmente conocido como una persona que, en cualquier situación, aboga por soluciones pacíficas y por resolver de forma no violenta cualquier conflicto», apuntaba un presentador de televisión. En otro telediario se dijo que «si todos los políticos hubieran pensado de esta forma, el mundo habría sido muy diferente». También en ese mismo telediario se recordó una cita del ministro de Asuntos Exteriores de la Unión Soviética, Andréi Gromiko, quien dijo que «diez años de negociaciones son mejor que un solo día de guerra», aunque se atribuyó erróneamente su autoría a Lukashenko.
Otro portavoz de los deseos de Rusia
La atribución de «pacifismo» a Lukashenko contrastó fuertemente con la forma en que se retrató al presidente ucraniano Volodímir Zelenski durante la conferencia.
En su discurso, Lukashenko describió a Zelenski como la única persona que bloquea el camino hacia la paz en Ucrania a causa de sus ambiciones personales. En lugar de adoptar una postura neutral, Lukashenko optó por culpar a Ucrania y a los países occidentales de la guerra. Además, tildó a EE. UU. de ser el principal interesado en el conflicto militar y difundió viejas narrativas de desinformación, acompañadas de preguntas retóricas: «¿Por qué se creó una anti-Rusia en Ucrania? ¿Por qué se acosaba a la gente que quería hablar ruso?»
En conclusión, las soluciones propuestas en la conferencia de seguridad de Minsk consistieron principalmente en demandar el levantamiento de las sanciones impuestas a Rusia por su invasión de Ucrania. En segundo lugar, la conferencia también se centro en culpabilizar a los países occidentales por los problemas globales, blanquear la brutal invasión de Ucrania por parte de Rusia (con la «pequeña ayuda» de Lukashenko) y desacreditar a Zelenski.
Estas acciones ponen de manifiesto el papel de la conferencia como instrumento de Moscú y como vehículo para difundir narrativas pro-Kremlin, en lugar de ofrecer un camino genuino hacia la paz y la seguridad, o bien las soluciones necesarias para lograrlo.