Las demandas de seguridad del Kremlin implican inseguridad para el resto del mundo
Los recientes ultimátums rusos dejan claro el aumento de la paranoia en los pasillos del Kremlin y preparan el camino para un aumento de las tensiones.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia publicó, el 17 de diciembre, un par de documentos con títulos engañosos: un «Tratado sobre garantías de seguridad» y un «Acuerdo sobre medidas para garantizar la seguridad de la Federación Rusa». Estos documentos se presentaron como ultimátums y recibieron una amplia cobertura en los medios de comunicación pro-Kremlin; incluyen narrativas engañosas y perjudiciales que no tienen como objetivo reducir las tensiones creadas por el propio Kremlin. La oferta: un gesto de paz respaldado por las armas.
De nuevo, el Kremlin nos ha ofrecido una mezcolanza de sus narrativas de desinformación favoritas, esta vez para perseguir varios objetivos políticos. Las narrativas detrás de los ultimátums incluyen: Rusia es una superpotencia similar a los Estados Unidos; Rusia es una fortaleza cercada por fuerzas hostiles, a saber, la OTAN; las pasadas rondas de ampliación de la OTAN constituyeron una traición a viejas promesas; y Ucrania representa una amenaza para Rusia, así como las maniobras militares occidentales en los mares Báltico y Negro.
Existen múltiples ejemplos de tales narrativas de desinformación desmentidas en nuestra base de datos de acceso libre y gratuito:
- Rusia es superior,
- Rusia es una fortaleza cercada,
- La ampliación de la OTAN es una traición,
- Ucrania es un agresor.
Las narrativas de desinformación en los ultimátums rusos explican en detalle la visión imperial del Kremlin sobre los Estados postsoviéticos. Estas narrativas sugieren que los países limítrofes con Rusia, incluidos varios Estados miembros de la Unión Europea y miembros de la OTAN, no son Estados soberanos a los ojos del Kremlin y, por ende, no son libres de decidir sus propios destinos sin la interferencia del Kremlin. Por lo tanto, no es de extrañar que los ultimátums hayan recibido una respuesta nada entusiasta por parte de los líderes occidentales.
El Kremlin trata de presentar a Rusia como si ofreciera un gesto de paz para rebajar las tensiones de una crisis creada por él con un ultimátum presentado de forma pseudodiplomática y que no puede ser aceptado por ninguna otra parte. Sin embargo, un rechazo ineludible por parte de los destinatarios del ultimátum puede ser parte de los cálculos del Kremlin.
Los medios de comunicación pro-Kremlin presentarían un rechazo occidental común al engaño del Kremlin como un mensaje para su público nacional, según el cual los países occidentales no quieren de verdad una salida a la crisis y, por tanto, harán todo lo posible para alejar a Ucrania de la esfera de influencia de Rusia y llevarla a la órbita de la OTAN, incluidas las personas que viven en el Dombás que , hoy día, tienen pasaportes rusos. Esto podría servir como casus belli: un desencadenante para «obligar a Rusia a actuar para protegerse» y preservar la «estabilidad». Los comentaristas pro-Kremlin han realizado declaraciones preocupantes como, por ejemplo, una que sugiere que una posible acción militar contra Ucrania sería «rápida e indolora».
Las campanas del Kremlin repican con fuerza, pero es obvio que no por la paz en la Tierra, como sugeriría esta época del año.