Las «propuestas de paz» rusas son maniobras vacías de relaciones públicas
Contexto
Rusia empezó su invasión a gran escala de Ucrania el 24 de febrero de 2022 y ahora se refiere a la guerra con el eufemismo «operación militar especial», en un intento de engañar y manipular al mundo. Se trata, en efecto, de una guerra real. Desde 2014 Rusia se ha anexionado ilegalmente la península de Crimea y ha iniciado una guerra dentro de la región ucraniana del Dombás.
Rusia está vulnerando las leyes internacionales y la soberanía e integridad territorial de Ucrania. Ucrania se acoge a la legítima defensa que confiere la Carta de las Naciones Unidas. Con esta guerra, Rusia trata de conseguir objetivos imperialistas. Ahora rechaza la condición de Estado de Ucrania, la cual ya reconoció en diciembre de 1991, cuando la Unión Soviética se dividió en Estados independientes.
Guerra y negociaciones
Los líderes rusos combinan su guerra de agresión a gran escala contra Ucrania con una serie de mensajes que, a priori, suenan a propuestas de paz. Pero al analizarlos mejor, no son nada menos que exigencias a Ucrania para que se rinda y ceda más territorio. Resumen del alegato de Rusia: «Mirad qué pacíficos somos, que queremos acabar con la guerra, pero los nazis de Kiev quieren luchar».
Este es un intento clásico de guerra psicológica para: 1) manipular y menoscabar el espíritu de lucha de la población ucraniana, 2) intentar ganar rápidamente puntos por buena voluntad a nivel internacional, y 3) dividir a la opinión pública europea con llamamientos a movimientos de paz tradicionales o agentes económicos que quieran unirse a Rusia en su ilusión de «volver a la normalidad».
Con un escrutinio más minucioso y conociendo el libro de tácticas de Rusia, se revela una artimaña clásica: creas un problema y después esperas ser recompensado por proponer solucionarlo, al tiempo que impones una solución en tus propios términos.
Las campañas de Moscú llegan en oleadas
Los medios de comunicación pro-Kremlin y del Estado ruso se han empleado a fondo para difundir el mensaje de una Rusia pacifista, incluso antes de su invasión a gran escala de Ucrania el 24 de febrero de 2022.
En diciembre de 2021, Moscú intentó endulzar la obvia amenaza sin precedentes que supone concentrar fuerzas militares y material bélico a lo largo de la frontera ucraniana proponiendo un «Tratado sobre garantías de seguridad» y un «Acuerdo sobre medidas para asegurar la seguridad de la Federación de Rusia». Estos borradores de propuestas rusos equivalían a retroceder de facto a la OTAN de la década de 1990, a la suspensión del compromiso de seguridad de los Estados Unidos en Europa y a transformar a Ucrania en una barra libre para los intereses de seguridad de Rusia en lo que ella considera su supuesta «zona de influencia».
Obviamente, tal ultimátum era inviable. Viniendo de un experto en relaciones internacionales como Rusia, este tipo de ultimátums mostraban las intenciones rusas, que nada tenían que ver con intentos serios de negociación. Véase nuestro análisis aquí.
Febrero de 2022: ríndete
Cuatro días después del inicio de la invasión a gran escala de Rusia, el Kremlin dio el siguiente paso. Con la ayuda de Bielorrusia, que actuó como anfitriona, Moscú envió al peso ligero político y anterior ministro de Cultura Vladimir Medinsky para presentar la propuesta del Kremlin de una resolución pacífica (véase también aquí). Hubo varias rondas de negociaciones en las que también participó el ministro de Defensa ucraniano. De nuevo, las propuestas exigían a Kiev deponer las armas, ceder su territorio en el este de Ucrania y convertirse en vasallos controlados por Moscú. Los ofrecimientos (véase aquí y aquí) de proseguir las negociaciones y crear corredores humanitarios limitados no pudieron ocultar el hecho de que estaban presionando al más puro estilo de la mafia, y de que no se trataba de negociaciones serias.
Marzo de 2022: cede territorio del este y después ríndete
A principios de marzo, cuando las columnas del ejército ruso se detuvieron cerca de Kiev, las «negociaciones» continuaron con exigencias maximalistas y bombardeos a la ciudadanía ucraniana. También fueron un intento de ganar tiempo para reagruparse, reabastecerse y volver a cargar la maquinaria de guerra rusa.
Una reunión que tendría lugar el 10 de marzo en Ankara entre el ministro de Exterior ucraniano Dmitró Kuleba y su homólogo Serguéi Lavrov con el propósito de llegar a un acuerdo de alto al fuego de veinticuatro horas para evacuar a la población de la ciudad sitiada de Mariúpol terminó con el rechazo de Lavrov. El ministro ruso afirmó que «la campaña militar rusa progresaba tal y como se había planeado» (léase: queremos ocupar Kiev y controlar Ucrania); un mantra sin sentido que repetiría continuamente. Este conflicto diplomático fue un ejemplo de la enorme testarudez maximalista rusa, que no da pie a ningún contacto político constructivo. Lavrov ya había adoptado esta postura, como en esta entrevista del 2 de marzo.
Los medios pro-Kremlin siguieron su ejemplo durante la primavera, recurriendo a eso de «progresar tal y como se había planeado» como útil herramienta para negar todo contratiempo. Esta frase incluso llego a la vecina Bielorrusia, tal y como Belta, el principal servicio de noticias estatal, ilustró aquí. Véanse también los comentarios de Lavrov en julio, de los que se hizo eco Izvestiya aquí.
Durante la primavera y el verano de 2022, las supuestas «iniciativas de paz» se disiparon a medida que la guerra se iba desarrollando por frentes todavía más grandes en toda Ucrania. Como se ha señalado más arriba, Vladimir Medinsky se refirió en varias ocasiones a la «disposición de Moscú para la paz, al contrario que Kiev, que quiere luchar». O alegaciones de Putin o de Lavrov: «Ucrania no tiene libertad para decidir sobre las negociaciones, EE. UU. lo impide por completo». Véase también nuestra base de datos para contrastar numerosos ejemplos de esta desinformación.
Otoño de 2022: acepta la anexión y después deja de luchar
Tras las retiradas y reveses militares de Rusia, en particular en la zona de Járkov en otoño de 2022, las exigencias rusas han seguido una dirección nueva y manipuladora, que pone de relieve, entre otras cosas, la «necesidad de reconocer la búsqueda de libertad de la ciudadanía de Donetsk y Lugansk», muchas veces plasmada en la expresión «realidad territorial».
Otra frase recurrente es: «Kiev abandona las negociaciones en cuanto se hacen realidad». Los medios de comunicación controlados por el Estado ruso y pro-Kremlin han mostrado especial entusiasmo al informar sobre declaraciones de negociaciones por parte de capitales de países occidentales u otras voces dentro de la UE. Cualquier declaración de este tipo se presentaba como una división interna y se utilizaba para tratar de abrir una brecha entre Kiev y la UE, como puede verse aquí. Toda esta actividad se diseñó para mostrar una Rusia partidaria de la paz a una audiencia internacional.
Al mismo tiempo, el debate interno en Rusia siempre ha jugado con peticiones populares de aniquilar a Ucrania, incluso evidentes llamadas al genocidio. El ruido de sables nuclear se ha vuelto frecuente, por ejemplo aquí en relación con la orden de movilización emitida por Putin el 21 de septiembre de 2022. Las negociaciones no forman parte de la agenda nacional.
En septiembre presenciamos la repetición del viejo truco de Crimea: referéndums rápidos y fraudulentos llevados a cabo a punta de pistola en ciudades ocupadas de Ucrania para afirmar que «la gente quiere unirse a Rusia». A esto le siguió un circo formalista en Moscú, cuando los miembros del Parlamento aceptaron la «voluntad popular» y Putin firmó la incorporación formal de cuatro nuevas regiones a la Federación de Rusia: las repúblicas de Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón. Véase nuestro informe aquí con imágenes que hablan por sí mismas. Da igual que se vista de seda, no deja de ser otro ejemplo de anexiones ilegales.
…Pero hay un problema territorial
Un detalle importante plantea un nuevo tipo de problema a Moscú: la extensión territorial de las regiones ocupadas por Rusia en Ucrania no está claramente definida, y no es algo involuntario. Algunos han hecho suya la vieja cantinela de que las regiones anexadas en su totalidad antes de la guerra deberían considerarse territorio ruso, y repiten el alegato de Lavrov de primavera, creando una lógica orwelliana de que las tropas ucranianas ocupan ahora territorio ruso. Los líderes rusos tratan de silenciar los debates sobre una definición clara, y las razones parecen evidentes: partes importantes de las regiones ucranianas de Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón no están bajo control u ocupación rusa (véanse los mapas aquí).

¿La solución a este problema? ¡Exigirle más a Kiev! Tal vez en el marco de negociaciones. Incluso aunque suene extraño y no concuerde con un Gobierno ucraniano más robusto y preparado para seguir defendiendo su soberanía e integridad territorial dentro de sus fronteras reconocidas internacionalmente, esto ocurrió cuando la portavoz de Putin y del Consejo de la Federación Valentina Matvienko expresó estas nuevas exigencias. Veía la «negociación» tal que así: «Estamos dispuestos a poner fin a más acciones militares en Ucrania, pero bajo los términos que ofrece Rusia». Sus comentarios reproducían la estrategia que siguió el político ruso Vladimir Medinsky en febrero del año anterior.
Matvienko proponía estos pasos: Antes de empezar las negociaciones, Ucrania debía aceptar la anexión a Rusia de las cuatro regiones (como cuando Kiev tuvo que aceptar que la península de Crimea era rusa). Entonces podían comenzar las negociaciones para detener la acción militar. No obstante, Matvienko culpó a Kiev de «negarse a hacerle frente a la realidad, en particular tras la visita de Zelenski a Washington», y volvió a repetir el conocido tópico del Kremlin de la «soberanía perdida», que alega que Estados Unidos controla a Occidente y, entre otros, a los líderes ucranianos.
Entra Putin: una guerra triunfante
Más tarde, en diciembre de 2022, Putin repitió esta estrategia, asegurando que estaba preparado para negociar «cuando Kiev aceptase la nueva realidad». Establecer como condición previa que Kiev ceda a Rusia todas las regiones actualmente anexionadas de manera ilegal antes de empezar las negociaciones es el mejor indicador de que Putin y Rusia siguen sin querer iniciar negociaciones constructivas.
La propuesta de Putin de una tregua durante la Navidad ortodoxa no era más que un intento de ganar tiempo para reagrupar a las Fuerzas Armadas de Rusia antes del invierno y pintar a una Ucrania sanguinaria deseosa de guerrear contra Rusia. Como este ardid iba dirigido claramente a audiencias internacionales, las unidades rusas siguieron bombardeando.
La política es la continuación de la guerra
Hay más indicios de que la sociedad rusa, bajo el gobierno de Putin, ha pasado de tener una mentalidad de búnker «sitiado» a sentirse inmersa en una situación próxima a la guerra total. Por ejemplo, hay eslóganes que proclaman que «Rusia no está en guerra con Ucrania, sino con Estados Unidos / la OTAN / Occidente» y que «esta es una batalla por la supervivencia existencial de Rusia», tal y como transmitía el discurso de Año Nuevo de Putin. Las palabras de Putin estaban cargadas de un cierto triunfalismo y excepcionalidad mesiánica: «No es fácil, pero es nuestro destino», «los rusos estamos hechos para la guerra», como si la situación actual fuera deseada. Esta forma de ver la política y las negociaciones le da la vuelta a la máxima de Carl von Clausewitz y la convierte en algo así como: «la política se ha convertido en la continuación de la guerra».
Un proverbio clásico sobre el estilo de negociación del imperialismo soviético reza así: «Lo que es mío sigue siendo mío. De lo que es tuyo, podemos hablar». El llamamiento a las «negociaciones» que hace Rusia da otra vuelta de tuerca a este proverbio: «Lo que es tuyo debería ser mío. Y punto».