Nuevas elecciones, nuevo intento de injerencia del Kremlin
Mientras Alemania se prepara para acudir a las urnas, los agentes pro-Kremlin recurren a un arsenal de tácticas de desinformación para manipular a la opinión pública e inclinar la balanza de la democracia.
De cara a las elecciones al Bundestag previstas para el 23 de febrero, agentes del ecosistema de manipulación de la información pro-Kremlin han intensificado sus maniobras de desinformación con el objetivo de desestabilizar el proceso democrático en Alemania y lograr un resultado más favorable a sus intereses.
Las redes de amplificación de información vinculadas al ecosistema de manipulación de información e injerencia por parte de agentes extranjeros (FIMI) han atacado al canciller Olaf Scholz, a Los Verdes y al CDU/CSU a través de narrativas que pretenden socavar la confianza en ellos y en las que se les culpa de los problemas económicos del país.
Paralelamente, la versión alemana de RT, el principal medio de propaganda rusa, ha reestablecido su presencia en X, a pesar de estar sujeto a sanciones internacionales.
Estas acciones coordinadas no son casos aislados, sino que se enmarcan en una estrategia pro-Kremlin más amplia, destinada a injerir (una vez más) en los procesos democráticos europeos.
Blanquear información e inventarse trapos sucios
Un ejemplo reciente de esta estrategia es una aparente investigación que, sin fundamento alguno, sostiene que el actual Gobierno alemán planea legalizar la pedofilia. Esta afirmación absurda, inicialmente difundida por la Fundación Rusa para Combatir la Injusticia (R-FBI), vinculada a Prigozhin (lea más información aquí), fue amplificada a través de una red de sitios web afines a Rusia, que incluye tanto medios de noticias falsos como cuentas fraudulentas en redes sociales, y llegó a alcanzar a cientos de miles de usuarios en plataformas como Threads, Telegram y X.
Como ya documentamos en nuestro análisis de la Operación Falsa Fachada, este tipo de tácticas utilizan el blanqueo de información para ocultar el origen de la desinformación y, al mismo tiempo, amplificar su alcance. En este caso, la narrativa inventada iba dirigida tanto contra los partidos políticos Alianza 90/Los Verdes y al CDU/CSU, como contra algunos de sus miembros, con el objetivo de dañar su reputación y socavar su credibilidad de cara a las próximas elecciones.
Otra campaña Doppelgänger
En otro caso, dominios con errores tipográficos deliberados («typosquatting») que suplantaban a medios de renombre, como Der Spiegel, difundieron artículos inventados que criticaban a los principales partidos políticos de Alemania. Diversas cuentas falsas amplificaron bulos manipulativos, como que «la energía verde ahoga a las empresas alemanas» y que «Merz disfraza el militarismo con populismo», llegando a alcanzar decenas de miles de visitas.
Este enfoque sigue los patrones bien conocidos y documentados de la campaña Doppelgänger, orquestada por el Kremlin, que se basa en la clonación de dominios y la amplificación mediante bots para difundir desinformación, aprovechándose de la confianza que la opinión pública deposita en los medios que gozan de credibilidad. El énfasis en cuestiones económicas y de seguridad refleja un trabajo desinformativo hecho a medida para aumentar el descontento y polarizar a los votantes alemanes.
Explotar los miedos para sembrar división
Además, se difundió ampliamente una mentira desinformativa que afirmaba que Alemania planeaba traer al país a 1,9 millones de trabajadores keniatas, utilizando los temores a una migración masiva para sembrar división y erosionar la confianza en el gobierno actual. La noticia se propagó a través de distintos sitios web, canales de Telegram y cuentas de X vinculadas al ecosistema pro-Kremlin.
A pesar de haber sido desmentida por DPA factchecking, la narrativa logró una gran repercusión, alcanzando millones de visitas en X y otras plataformas. Esta campaña de desinformación, al igual que otras asociadas a la Operación Falsa Fachada, recurrió a una primera historia posiblemente prefabricada, a información inventada y a la creación de personajes ficticios para dar credibilidad al bulo.
A través de la instrumentalización de los miedos y otras vulnerabilidades sociales, de la creación de narrativas falsas y del uso de técnicas avanzadas de amplificación, el Kremlin busca manipular y polarizar al electorado, moldear el espacio político y debilitar la unidad de Europa.

Otra selección de obras desinformativas del aparato de propaganda del Kremlin esta semana:
- En lugar de sacarse nuevos ases de la manga, los medios de desinformación pro-Kremlin están recurriendo a sus tácticas de siempre; esta vez, han calificado la misión «Centinela Báltico» de la OTAN como un bloqueo marítimo que pretende dejar a Rusia sin acceso al mar y provocar un conflicto armado. Este bulo afirma que la presencia de la OTAN en el mar Báltico responde a una estrategia beligerante disfrazada de misión para proteger infraestructura crítica. En realidad, «Centinela Báltico» es una maniobra de defensa destinada a salvaguardar cables submarinos esenciales y otra infraestructura crítica en la región báltica. A raíz de los daños sufridos en los cables submarinos entre Estonia y Finlandia en diciembre, así como otros incidentes previos, la OTAN ha lanzado esta operación como respuesta a amenazas tangibles a la seguridad marítima. Las acciones de la Alianza se ajustan plenamente al derecho internacional, particularmente al principio de libertad de navegación. Esta falsa narrativa es otro ejemplo sacado directamente del manual de manipulación del Kremlin: presentar a la OTAN como la agresora y a Rusia como la víctima. Al tergiversar burdamente los objetivos de la OTAN, el Kremlin pretende desviar la atención del continuado comportamiento agresivo de Rusia y conseguir que la población rusa apoye al régimen, alimentando temores infundados sobre una supuesta hostilidad de Occidente.
- Los portavoces de la propaganda del Kremlin están pronosticando, de nuevo, (véase aquí y aquí) un «futuro gélido» para Europa. Esta visión apocalíptica está diseñada para sembrar el miedo entre la población de la UE y erosionar el apoyo a las sanciones impuestas a Rusia a raíz de su invasión no provocada de Ucrania. Si bien la decisión de Ucrania de interrumpir el tránsito de gas ruso y las recientes sanciones impuestas por EE. UU. a los buques petroleros rusos han provocado un repunte temporal en los precios, Europa aún está lejos de enfrentarse a una crisis energética. Gracias a la preparación estratégica a este respecto y a la diversificación de sus fuentes de energía, la UE continúa estando bien posicionada para satisfacer sus demandas energéticas. A principios de enero de 2025, los niveles de almacenamiento de gas en Europa alcanzaban el 72 %, un porcentaje ligeramente superior a la media habitual para esta época del año. Si bien el alarmismo infundado del Kremlin fracasa estrepitosamente ante la evidencia de los hechos, el objetivo de este tipo de desinformación es claro: socavar la unidad de Europa y debilitar el apoyo de la opinión pública a las sanciones.
- No cabe duda de que la maquinaria desinformativa pro-Kremlin ha asumido la tarea de propagar el bulo de que la economía rusa está en un gran momento, jactándose de que la tasa de desempleo es la más baja de la historia, que la industria está en crecimiento y que los ingresos superan la inflación. En realidad, la economía rusa está en crisis. El rublo ha caído a su nivel más bajo de los últimos dos años, el Fondo Nacional de Inversión ruso se ha reducido a menos de la mitad desde 2022 y la escasez de mano de obra está paralizando a las empresas. El tipo de interés del Banco Central de Rusia, fijado en un 21 %, el nivel más alto en décadas, es un indicio claro de las serias dificultades económicas que enfrenta el país. A causa de las insensatas aventuras militares del Kremlin, el gasto militar ruso prácticamente se ha triplicado desde 2021 y, junto con otros costes en materia de seguridad, representa ya más del 40 % del presupuesto del Estado; mientras tanto, los precios de los alimentos se disparan y la inflación, oficialmente situada en un 8,5 %, es probablemente mucho mayor, según los analistas. Lejos de reflejar un éxito económico, estas cifras ponen de manifiesto las profundas grietas de la economía rusa, agravadas por la guerra y años de mala gestión de la economía. Esta narrativa de desinformación forma parte de la propaganda económica de Rusia, cuyo objetivo es aparentar fortaleza, restar importancia al impacto de las sanciones impuestas por Occidente y ensalzar los supuestos beneficios del liderazgo autoritario del Kremlin para su ciudadanía.