Paz y mejora repentina de la memoria
La semana pasada planteó algunos retos inesperados a los manipuladores de la información y los blanqueadores de desinformación del Kremlin. Por un lado, tenían que seguir aprovechándose del atentado terrorista del Crocus City Hall para vilipendiar a Ucrania y a Occidente sin ningún tipo de reparo. Y por otro, tuvieron que dedicarle parte de su atención a que todas las contradicciones de las narrativas pro-Kremlin sobre la paz pudieran cuadrar de alguna manera. A fin de cuentas, el Kremlin hizo lo que mejor se le da: reafirmar su propia y retorcida visión orwelliana de la realidad, en la que la guerra significa paz y la ocupación, liberación.
Si no se da la cara, mejor callarse
Desde que Rusia lanzó su invasión a gran escala de Ucrania hace más de dos años, los portavoces de la propaganda del Kremlin se han dedicado a difundir de forma periódica todo tipo de narrativas manipuladoras y engañosas sobre la paz. Sin embargo, la palabrería del Kremlin sobre la paz nunca ha sido nada más que una vacía maniobra de relaciones públicas, puesto que, para Rusia, su retórica pacifista le ha servido, en última instancia, para seguir librando su guerra contra Ucrania. Hace una semana, Suiza anunció la celebración de una conferencia de alto nivel por una paz justa en Ucrania, la cual se llevará a cabo los próximos 15 y 16 de junio cerca de Lucerna.
Durante estos últimos dos años, los medios de desinformación del Kremlin solamente han hablado de paz para distraer al mundo de las acciones rusas en Ucrania. De hecho, los discursos de paz del Kremlin son solo de boquilla. Mientras Rusia sigue lanzando lluvias de bombas contra la población civil ucraniana, Ucrania ha estado trabajando incansablemente con sus socios internacionales y la comunidad mundial para llegar a una paz justa y duradera, basada en la «Fórmula de paz» de 10 puntos propuesta por el presidente Zelenski en octubre de 2022.
Si Rusia no lo tiene, nadie más lo tendrá
Ahora, los propagadores de la desinformación pro-Kremlin se han puesto manos a la obra para enturbiar la situación y desacreditar cualquier intento legítimo de encontrar la paz, incluso repitiendo hasta la saciedad el mantra de que cualquier conversación sobre soluciones sin la presencia de Rusia carece de sentido. De hecho, hemos visto una retórica similar sobre la reunión en Yeda. Por ello, no es de extrañar que algunos oficiales rusos hayan desdeñado la posibilidad de abordar el tema de la paz. Para reforzar esta narrativa de desinformación, el Kremlin también hizo uso de otro de sus clásicos, la famosa narrativa «la culpa es de Occidente», que argumenta la existencia de confabulaciones de Occidente para engañar a Rusia y afirma que Occidente se está preparando para dar una serie de ultimátums al Kremlin. Así pues, para Moscú, es posible que dos realidades sean ciertas al mismo tiempo: que Rusia esté abierta al diálogo y que no quiera negociar.
Es evidente que se necesitan dos partes para que haya un diálogo, pero la actitud de Rusia hasta el momento, incluida su continua denigración de Ucrania y los ataques incesantes con drones y misiles contra la infraestructura civil ucraniana, sugiere que la voluntad de Rusia de entablar un diálogo significativo está muy lejos de ser real.
Desempolvando viejas alternativas
Puede que los altos mandos de la desinformación del Kremlin se hayan dado cuenta de que sus esfuerzos podrían ser insuficientes, especialmente en sus intentos de presentar a Rusia como ejemplo de paz ante sus socios internacionales. Así pues, las mentes responsables de la manipulación pro-Kremlin experimentaron una mejora repentina de la memoria.
En primer lugar, desempolvaron retóricas de desinformación según las cuales las conversaciones entre Rusia y Ucrania en 2022 podrían haber traído la paz si no hubiera sido por los entrometidos anglosajones. De nuevo, se trata de un cínico intento de intercambiar los papeles de agresor/víctima y convertir a Ucrania en el actor belicista. Y lo que es más importante, el repentino redescubrimiento por parte de Putin de sus propias propuestas imperialistas de 2022 para que Ucrania «acepte la nueva realidad geopolítica» (lo que en la jerga del Kremlin significa aceptar que, como Rusia tiene derecho a anexionarse territorios de sus vecinos, así seguirá haciéndolo) es un retorcido intento de distraer al mundo de las propuestas de una paz justa y duradera presentadas por Ucrania. De hecho, las propuestas ucranianas están recibiendo el «tratamiento Navalny» en el ecosistema de desinformación pro-Kremlin: no se mencionan, ni siquiera de pasada.
Se necesita tiempo para reflexionar
En otro ejemplo de repentina mejora de la memoria, los trovadores de la desinformación del Kremlin también redescubrieron la postura de China sobre el acuerdo político en Ucrania, publicado en febrero de 2023. Tras los recientes acontecimientos, los expertos de desinformación pro-Kremlin ensalzan ahora este documento, considerándolo el único camino a seguir. Curiosamente, estos mismos agentes de la desinformación pro-Kremlin apenas prestaron atención a las propuestas de China hace 14 meses, cuando fueron presentadas por primera vez. Ahora, tratan de convencer a la opinión pública de que el plan de Ucrania para una paz justa es incompatible con las propuestas de China.
Sigue en marcha la caza de terroristas
Dentro de las fronteras rusas, la paz es lo último en lo que piensan los conspiracionistas pro-Kremlin. Ha pasado casi un mes desde el trágico atentado terrorista en el Crocus City Hall, en las afueras de Moscú. Para los medios de desinformación pro-Kremlin, este hecho todavía sirve como marco para seguir difundiendo sus atroces mentiras sobre la tragedia.
Esta semana se dedicaron a seguir vinculando falsamente a Ucrania con los atentados, especialmente en un intento de engañar a la opinión pública hispanohablante. En particular, los medios pro-Kremlin presentan ahora la supuesta implicación ucraniana como un hecho constatado y bien sabido y tratan de desacreditar a Ucrania acusándola de ser un lacayo terrorista hipnotizado por el perverso Occidente.
Y, por supuesto, siguen sin tener en cuenta el hecho de que el Dáesh ha reivindicado el atentado con pruebas que lo corroboran. Los medios de desinformación del Kremlin intentan amoldarse a esta incómoda verdad asegurando una y otra vez que el Dáesh no es más que un instrumento en manos ucranianas. Sin embargo, por muchas confesiones arrancadas a la fuerza que el Kremlin diga haber obtenido como «prueba», no nos dejaremos engañar.

Otros casos detectados en el radar de EUvsDisinfo:
- Los propagadores de la desinformación del Kremlin casi nunca pierden la oportunidad de difundir su odio, especialmente contra las personas LGTBIQ+. El ejemplo más reciente de su estrechez de miras es sostener que referirse a una persona transgénero según su sexo biológico conlleva penas de cárcel en Escocia. Esto se enmarca en la recurrente narrativa pro-Kremlin sobre la decadencia moral de Occidente, el fin de la libertad de expresión y el auge de una dictadura liberal en los países anglosajones. Si bien es cierto que la nueva legislación escocesa ha suscitado cierto debate público, no tipifica como delito el hecho de dirigirse a alguien por el género no asumido por tal persona.
- En un cínico y retorcido intento de engañar y manipular, el Kremlin sostiene que la ciudadanía ucraniana se enfrenta a una escasez de energía por la venta de electricidad de Kiev a Polonia. La verdadera causa de la escasez de energía en Ucrania son las políticas rusas que tratan de destruir deliberadamente las centrales energéticas ucranianas. En las últimas semanas, misiles rusos han arrasado varias centrales energéticas de gran tamaño, lo que claramente constituye ataques a objetivos civiles.
- Por último, un ejemplo de otro de los pasatiempos favoritos del Kremlin: calificar cualquier agravio contra Rusia, real o imaginario, de flagrante «rusofobia». Esta vez ha sido el deporte internacional el que ha estado en el punto de mira del Kremlin, al afirmar que los Juegos Olímpicos de París 2024 supondrán una cumbre para promover la rusofobia. La decisión del Comité Olímpico Internacional (COI) de no permitir a atletas rusos y bielorrusos participar en campeonatos deportivos internacionales es consecuencia de la invasión no provocada de Rusia contra Ucrania. Calificarla de «rusofobia» no es más que un intento de ocultar la verdadera razón que hay detrás de tal decisión por parte del COI.