Sincero despliegue pacífico de misiles

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No pasa una semana sin que el Kremlin pretenda estar en misa y repicando. Rusia no ve contradicción alguna en alardear de potencial nuclear, haciendo llamamientos a la erradicación total de Ucrania, y desplegar al mismo tiempo su red diplomática para fingir, de cara a la opinión pública mundial, que está interesada en hallar una solución pacífica a la guerra. No tiene reparos en exigir el bombardeo de las capitales europeas por la mañana y, por la tarde, quejarse de la «beligerancia de Occidente». Esta dicotomía que roza lo esquizofrénico es una característica fundamental de la maquinaria desinformativa del Kremlin.

Como era de esperar, el Kremlin también ha aplicado esta retorcida lógica a los Juegos Olímpicos de París. Tras meses de quejas por el trato injusto que Rusia ha recibido por parte de la comunidad olímpica y de aprovechar cualquier ocasión para difundir desinformación con objetivo de desprestigiar los Juegos y a sus organizadores, el Kremlin ha cambiado de discurso y ahora presenta a Rusia como el epítome de la bondad y la decencia, mientras retrata los Juegos Olímpicos como un espectáculo indecente y abominable, representante del paganismo más depravado. Veamos con detalle todas las falsedades, mentiras y manipulaciones difundidas recientemente por el Kremlin.

Un enviado de paz…en los términos de Rusia

Una vez quedó claro que la «desnazificación» y la «desmilitarización» de Ucrania no serían cosa de tres días, la maquinaria desinformativa del Kremlin recurrió al discurso de la paz para apropiarse anticipadamente de dicha narrativa. Basta con analizar la evolución de la «narrativa de paz» del Kremlin desde el inicio de la guerra: desde hablar de paz mientras lanzaban ataques deliberados contra infraestructura civil ucraniana y utilizar los llamamientos a la paz para legitimar su control sobre los territorios anexionados ilegítimamente, hasta afirmar que la guerra de Rusia persigue fines pacíficos y que Ucrania y Occidente son obstáculos para la paz, pasando por desacreditar esfuerzos de paz legítimos y disfrazar de propuestas de paz lo que en realidad son utimátums dictatoriales.

La semana pasada, los propagadores de la desinformación del Kremlin parecieron desagradablemente sorprendidos por la visita a Pekín del ministro ucraniano de Asuntos Exteriores, Dmitró Kuleba, y se apresuraron a minimizar el nerviosismo que esta visita provocó en Moscú. Esta semana parece que los portavoces de la propaganda del Kremlin han recibido nuevas instrucciones, ya que se han dedicado a difundir mentiras y desinformación sobre cualquier perspectiva de paz entre Rusia y Ucrania con un entusiasmo sin precedentes.

Durante su gira por el Sudeste Asiático, Serguéi Lavrov, el consumado mentiroso a cargo del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, se encargó de hacer llegar el manipulador discurso del Kremlin sobre la paz a la ciudadanía de la región. Nada que nos sorprenda: Rusia es la paloma de la paz, Ucrania y Occidente no son de fiar y Putin es el no va más.

Si la idea es incuestionable, hay que arremeter contra los motivos

Como de costumbre, lo primero que hizo la maquinaria de desinformación pro-Kremlin fue desacreditar los esfuerzos de paz de Ucrania y calificar al país de poco sincero y de no estar interesado en la paz real. Esta narrativa se complementó con un intento de abrir una brecha todavía mayor entre ambos países, al afirmar que el «régimen de Kiev» (un apelativo despectivo utilizado a menudo por la maquinaria pro-Kremlin para referirse al Gobierno ucraniano) hace caso omiso de la voluntad del pueblo ucraniano de negociar la paz con Rusia. A ello le siguieron los intentos de dar fuerza a la idea de que la propuesta de paz (o, más bien, ultimátum) de Putin es lo máximo a lo que Ucrania puede aspirar. Una forma un tanto extraña del Kremlin de demostrar que está siendo sincero y que quiere alcanzar la paz, especialmente viniendo del jefe de la diplomacia rusa en las Naciones Unidas.

El último recurso de los medios de desinformación rusos para «demostrar» la falta de sinceridad de Ucrania es el decreto presidencial ucraniano que prohíbe cualquier negociación con Putin. En la retorcida visión del Kremlin, esto prueba que la disposición ucraniana a negociar con Rusia no es más que una táctica para ganar tiempo hasta reponer las fuerzas armadas. Sin embargo, dicho decreto solo prohíbe las negociaciones directas con Putin, quien está considerado el principal criminal de guerra, y no con Rusia en su conjunto. Como este inconveniente detalle no encaja en la narrativa del Kremlin, suele pasarse rápidamente por alto.

Una mentira con lógica

La guinda del pastel de los disparates desinformativos del Kremlin fue el discurso de Putin con motivo del Día de la Marina. Además de las habituales menciones a la grandeza de Rusia, encarnada por Pedro el Grande, Putin aprovechó la ocasión para seguir difundiendo la narrativa de la «agresividad de Occidente» versus el «pacifismo de Rusia» ante un público internacional cuidadosamente seleccionado.

Las invectivas de Putin parecían responder al acuerdo entre EE. UU. y Alemania acerca del despliegue de armas de largo alcance en suelo germano, lo que, según Putin, obligará a Rusia a orientar su arsenal de misiles hacia Occidente.

A primera vista, todo esto podría parecer lógico. Sin embargo, los tiempos no acaban de cuadrar del todo. Alemania y EE. UU. anunciaron sus planes hace solo algunas semanas, mientras que Rusia lleva años posicionando estratégicamente su arsenal de misiles. Los ejemplos son numerosos: desde el traslado de misiles Iskander-M con capacidad nuclear a Kaliningrado en 2016, hasta el abandono efectivo del Tratado sobre las Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio en 2019 tras desarrollar y desplegar misiles 9M729 no conformes con el Tratado, pasando por el despliegue de armas nucleares tácticas en Bielorrusia en 2023.

En este contexto, cualquier declaración sobre la «suspensión de la moratoria unilateral» de Rusia sobre el despliegue de misiles no solo es irrelevante, sino también una falacia completamente absurda, puesto que Rusia, en realidad, no ha respetado ninguna moratoria, ni unilateral ni de ningún otro tipo. Además, no vemos cómo el hecho de amenazar a Europa Occidental con misiles Iksander y Tsirkon puede sugerir que el Kremlin tiene intenciones sinceras de negociar la paz.

Paganos depravados en el Sena

Evidentemente, los duendes de la desinformación del Kremlin no dejaron pasar la oportunidad de ridiculizar y mofarse de los Juegos Olímpicos de París. La cobertura pro-Kremlin de la ceremonia de apertura dejó clara la obsesión homofóbica de Rusia por instrumentalizar los ataques contra la comunidad LGBTIQ+ con fines desinformativos. Ya hemos analizado esta deplorable táctica en ocasiones anteriores, como aquí y aquí.

Dada la repercusión global de la ceremonia de apertura de los JJ. OO. de París y la controversia que esta generó, los portavoces de la propaganda del Kremlin lanzaron un nuevo aluvión de ataques desinformativos llenos de odio, en los que presentaban a Rusia como la defensora de los «valores tradicionales» frente al «triunfo del liberalismo» en un Occidente podrido. Gran parte de estos ataques pretendían además fingir preocupación por el futuro del cristianismo en Europa. En algunos de los casos más extremos se llegó a mezclar el antisemitismo con el habitual discurso de odio del Kremlin contra la comunidad LGBTIQ+.

Finalmente, algunos medios pro-Kremlin también se aprovecharon de la errónea interpretación de la referencia al Festín de los Dioses como un homenaje a la Última Cena de Leonardo da Vinci para participar en otro de los pasatiempos favoritos del Kremlin: acusar a Occidente de ateísmo y paganismo. Al igual que con las narrativas anti-LGBTIQ+, también llevamos mucho tiempo siguiendo de cerca la enfermiza obsesión del Kremlin con Satanás. Por lo tanto, no nos sorprendió en absoluto que el Kremlin identificara de inmediato signos de satanismo en un acto que celebraba la libertad, la igualdad, la fraternidad y el verdadero espíritu olímpico a orillas del Sena.

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