Las elecciones, un campo de batalla usado por el Kremlin para sembrar la desconfianza y el descontento
Durante los días del 6 al 9 de junio se celebrarán en todos los Estados miembros de la UE las próximas elecciones al Parlamento Europeo, el ejercicio democrático europeo de mayor envergadura para cientos de millones de personas. Estas elecciones otorgan un mandato al Parlamento Europeo para los próximos cinco años.
En esta serie de artículos, le traeremos ejemplos de las principales tácticas, técnicas y procesos usados por los manipuladores y desinformadores pro-Kremlin en relación con las elecciones al Parlamento Europeo. Le damos a conocer los intentos que se están llevando a cabo para desacreditar a los líderes políticos, sembrar la desconfianza, inundar las redes sociales de falsedades, poner a la opinión pública en contra de Ucrania y evitar comparaciones que resulten incómodas a la Rusia de Putin. También examinaremos cómo se interpretan los resultados de las elecciones.
Técnica 2: erosionar los cimientos y sembrar el descontento, la duda y la división
En nuestro primer artículo, analizamos la técnica consistente en difamar a destacados líderes políticos mediante la creación de escándalos, la tergiversación de declaraciones, su descontextualización o la técnica «doppelgänger», es decir, clonar o secuestrar sus identidades en línea para engañar a la opinión pública. Estrechamente relacionada con esta primera técnica, encontramos una segunda: sembrar el descontento, la duda y la división.
Documentamos cada vez más intentos de influir en los debates públicos de la UE por parte de medios rusos patrocinados por el Estado y medios pro-Kremlin.
Las elecciones al Parlamento Europeo brindan numerosas oportunidades para avivar ciertos temas de actualidad política, ya de por sí bastante candentes. Conviene recordar que los debates públicos entre las diferentes posturas son la piedra angular de una democracia en funcionamiento, y constituyen la base de los discursos políticos sanos. En las sociedades libres, la ciudadanía cuenta con el derecho fundamental de tener y expresar sus propias opiniones. Si bien estos intensos debates podrían ser malinterpretados como descontento y desconfianza en el sistema democrático, lo que realmente demuestran es la confianza de la ciudadanía en la fuerza de la democracia. El poder público y la cohesión de la sociedad se fundamentan en la aceptación y la confianza por parte de la población.
Al hacerse pasar por medios de comunicación, los manipuladores pro-Kremlin explotan los recursos de una sociedad abierta, como sus debates y los procesos de retroalimentación informativa propios de los medios libres. Hace tiempo que se cruzó un punto de no retorno, en el que los principales medios de desinformación estatales y pro-Kremlin rusos dejaron de parecerse a un sucedáneo de medios de comunicación para convertirse directamente en instrumentos de guerra.
La UE, un «sistema podrido»
Los medios rusos estatales y pro-Kremlin tratan de hacernos creer que la UE es un sistema amoral y de una gran hipocresía, que es «disfuncional», que «existe en una realidad paralela» y que está al borde del colapso. Y que si está sobreviviendo es porque es una marioneta de Washington. ¿Por qué votar si se trata de un sistema podrido?
El Kremlin lleva tiempo difundiendo la narrativa del «colapso inminente»: durante la crisis financiera mundial de 2008, la pandemia de la COVID-19, en el contexto de la crisis energética del invierno de 2022-23, y nuevamente en relación con las sanciones impuestas a Rusia por parte de la UE, todo ello acompañado por afirmaciones como: «La UE está destruyendo su propia economía e industria». Moscú busca presentar a la UE como un sistema al borde del colapso, en el que la opinión pública, descontenta y privada de derechos, terminará derrocando a los gobiernos e instituciones de los Estados miembros.
Cualquier cuestión que se debata públicamente puede utilizarse para sembrar la desconfianza, pero Moscú tiene algunos temas predilectos: el apoyo (financiero, militar, humanitario) de Occidente a Ucrania, el coste de la vida en Europa o las irresponsables políticas «rusófobas» de las «egoístas élites europeas», que ignoran las necesidades de la ciudadanía de a pie. Las sanciones europeas impuestas a Rusia, los recortes en las importaciones de energía y muchas otras cuestiones se han presentado durante mucho tiempo como «solamente perjudiciales para Europa y no para Rusia»; vea ejemplos de ello en nuestra base de datos.
Instrumentalizar y sacar provecho de las manifestaciones
Los medios rusos y pro-Kremlin instrumentalizan las manifestaciones que tienen lugar en los países de la UE en relación, por ejemplo, con cuestiones sociales, económicas, medioambientales, etc., que nada tienen que ver con Ucrania. Un ejemplo de ello son las recientes protestas de los granjeros y agricultores en varias ciudades europeas, en las que pudieron verse banderas rusas en los tractores, a pesar de que las manifestaciones estuvieran relacionadas con las normativas en materia de agricultura.
Esta técnica también abarca ejemplos en los que unos pocos individuos participan en grandes manifestaciones o protestas dedicadas a otras cuestiones y exhiben pancartas o eslóganes pro-Kremlin o contra Ucrania. O los carteles publicitarios que han aparecido repentinamente en las carreteras de Eslovaquia, poco relacionados con cuestiones locales. El objetivo de todo ello parece ser el de grabar imágenes que puedan ser posteriormente difundidas por Internet a una multitud de personas, creando la ilusión de que celebran concentraciones públicas a gran escala en apoyo de las políticas y acciones de Rusia.
Más extremistas y radicales
El contenido en los medios estatales rusos y pro-Kremlin es cada vez más extremista y, en algunos casos, incluso radical. Al parecer, el Kremlin cree que de esta manera puede avivar los debates en Europa e influir en la opinión de los votantes. Hasta el momento, la etiqueta de «nazi» había quedado reservada para Ucrania. Pero ahora está en el orden del día acusar a cualquiera que adopte una postura escéptica hacia las políticas de Moscú de ser «nazi»; ya no es suficiente con tacharlos de «rusófobos».
Según los altos dirigentes rusos y los principales medios pro-Kremlin la «mayoría de Europa apoyaba a los nazis» y luchó contra la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial. Esta es la última vuelta de tuerca del revisionismo histórico del Kremlin. Por descabellado que parezca, la perversa lógica detrás de ello radica en que, aunque tu país estuviera bajo la ocupación de Hitler, tus antepasados combatieron contra la Unión Soviética.
Alarmismo nuclear y su oscura lógica
El Kremlin ha intentado exacerbar el miedo de la opinión pública a un holocausto nuclear tanto dentro como fuera de las fronteras rusas si los líderes europeos no aceptan las exigencias de Moscú. Este alarmismo pretende convencer a la opinión pública occidental de que exija el cese del apoyo a Ucrania. Al igual que ocurrió en los años setenta y ochenta con las manifestaciones antinucleares y pacifistas en todos los Estados de Europa Occidental, el Kremlin espera que los sectores más influyentes de la sociedad presionen a sus «insensatos» dirigentes para adoptar una política más favorable para con Rusia.
Esta extorsión política a punta de pistola seguramente no se ganará la simpatía de la ciudadanía europea hacia Moscú, pero ese ni siquiera es el objetivo. En los principales círculos rusos está cobrando fuerza la idea de que la conexión con Europa está ya perdida, al menos durante una generación. Recientemente, Putin y el ministro de Asuntos Exteriores, Sergey Lavrov, parecían casi disfrutar de la ruptura de relaciones con Europa. El Kremlin quiere restar atractivo a Europa a ojos de la opinión pública en Rusia para impulsar la política interior rusa.
La estrategia por parte de Rusia y la maquinaria pro-Kremlin de avivar la desconfianza de la opinión pública en las sociedades occidentales es similar a la que ya adoptaron durante la pandemia de la COVID-19. En 2020, Moscú dirigió una campaña masiva de mensajes dirigidos a la opinión pública de la UE, sembrando el descontento y la desconfianza en las capacidades de los países de la UE para gestionar la crisis sanitaria y promoviendo el rechazo a las vacunas (a menos que fueran de fabricación rusa), tal y como documentamos en cuatro extensos informes especiales sobre manipulación de información e injerencia por parte de agentes extranjeros en torno a la COVID-19.
Todos estos esfuerzos pro-Kremlin pretenden enrarecer el ambiente en vísperas de las elecciones al Parlamento Europeo y a más largo plazo.
Lea también nuestra serie de artículos acerca de las cinco narrativas de desinformación pro-Kremlin más comunes.
No se pierda nuestro próximo artículo, en el que analizamos cómo los medios estatales rusos y pro-Kremlin tratan de desbordar los sistemas de información a fin de que la opinión pública deje de lado los medios de información de calidad.