Desmintiendo trece mitos sobre la guerra de Rusia en Ucrania

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En Occidente, el trece se considera tradicionalmente el número de la mala suerte. Así que tal vez haya sido acertado actualizar nuestra lista anterior de los principales mitos rusos y ampliar su número de doce a trece.

¿Por qué ahora hay uno más? En primer lugar, porque hemos agrupado algunas de las narrativas de desinformación pro-Kremlin sobre Ucrania que ya habíamos identificado. En segundo lugar, porque hemos separado del conjunto de los discursos que aseveran que «Ucrania es malvada/nazi» dos narrativas que afirman, respectivamente, que Ucrania está perdiendo la guerra y que no existe. Si esa frase le resulta un sinsentido, le damos la bienvenida a la desinformación pro-Kremlin.

A continuación encontrará algunos de los grandes clásicos. Para el Kremlin, la repetición es un modus operandi común, así que no se sorprenda si algunos de estos mitos y narrativas de desinformación le resultan familiares: ya desmentimos muchos de ellos el año pasado.

Sin embargo, esta vez hemos agrupado estos 13 mitos en 3 metanarrativas más amplias de la desinformación rusa. El primer grupo, que comprende los mitos del 1 al 4, describe a Ucrania, el pueblo ucraniano y todo lo relacionado con la ucranidad como perverso y antirruso. El segundo grupo, que engloba los mitos del 5 al 9, presenta a Occidente como enemigo implacable (aunque también extrañamente incompetente) de Rusia.

El tercer grupo, formado por los mitos del 10 al 13, describe a Rusia como una nación superior. Según el Kremlin, Rusia es, simplemente, mejor que Occidente y Ucrania juntos: más fuerte, más legítima y mejor armada. Y los nacionalistas rusos también afirman que Rusia es moralmente superior porque Europa se ha pervertido.

Mito 1: Ucrania lleva años tratando de perpetrar un genocidio contra la población rusófona del Dombás y Rusia solamente ha intervenido para proteger a su ciudadanía. Ucrania también lleva a cabo operaciones de falsa bandera y orquesta atrocidades con el fin de culpar a Rusia de ellas.

Para protegerse de las acusaciones de genocidio, los propagandistas del Kremlin suelen dedicarse a culpabilizar a las víctimas de sus propios crímenes o incluso a proferir acusaciones totalmente infundadas. Es decir, acusan a Ucrania de tratar de cometer un genocidio contra la ciudadanía rusófona de Ucrania sin ninguna prueba de ello, a menudo mediante historias inventadas. La narrativa del genocidio ha sido una parte integral de la campaña de desinformación pro-Kremlin dedicada a justificar la agresión rusa.

No hay pruebas que demuestren que la población étnica, incluidas las personas de origen ruso o rusófonas, sufra persecución a manos de las autoridades ucranianas en el Dombás o en cualquier otra parte de Ucrania y mucho menos el peligro de ser exterminada por razones de nacionalidad, etnia o pertenencia cultural.

Sin embargo, existen multitud de pruebas que vinculan directamente a las fuerzas militares rusas con los crímenes de guerra en Bucha, Irpin, Mariúpol y otras ciudades. Las Naciones Unidas, por su parte, han publicado un informe en el que se recogen pruebas de crímenes de guerra cometidos por las autoridades rusas, como torturas, violaciones y deportaciones de menores.

De hecho, muchos verificadores de datos y medios de comunicación independientes han desmentido informaciones rusas que aseveraban que las autoridades ucranianas habían orquestado los crímenes de guerra rusos, en especial el de Bucha.

Mito 2: Ucrania está perdiendo, sus líderes están desesperados y su colapso militar es inevitable. Además, Ucrania está tan desesperada que ataca infraestructuras nucleares civiles y trabaja en una «bomba sucia».

En 2023, la contraofensiva ucraniana solo consiguió avances marginales. Sin embargo, desde el inicio de la invasión por parte de Rusia el 24 de febrero de 2022, Ucrania ha recuperado aproximadamente la mitad del territorio inicialmente ocupado por Rusia en febrero de 2022. Aunque pueda parecer que la situación actual en el campo de batalla se encuentra en un punto muerto, Ucrania sigue cosechando impresionantes victorias en el Mar Negro.

En líneas generales, la manera en que Ucrania ha logrado frenar a Rusia en su invasión masiva, ilegal y no provocada sigue siendo sencillamente admirable. El país no está al borde del colapso ni política ni militarmente, a pesar de que a veces el apoyo internacional a Ucrania no sea todo lo expeditivo que podría ser.

No hay pruebas que respalden las acusaciones rusas de que Kiev está movilizando a niños, mujeres o personas mayores para luchar en primera línea de batalla o de que el presidente Volodímir Zelenski está enviando intencionadamente a las tropas ucranianas a una muerte segura. En todo caso, las pruebas demuestran todo lo contrario: que son los generales rusos quienes envían a sus tropas, en buena parte reclutadas en las cárceles, a morir como carne de cañón en ataques suicidas.

El mito sobre las ambiciones nucleares de Ucrania o las «bombas sucias» es pura ficción y alarmismo nuclear. De hecho, Ucrania es un país libre de armas nucleares desde 1994, año en el que suscribió el Memorándum de Budapest. Es uno de los pocos países del mundo que ha renunciado a su arsenal nuclear, tras eliminar las armas que heredó de la Unión Soviética. Rusia, por otro lado, ha incumplido flagrantemente el compromiso que adquirió al firmar dicho tratado, según el cual respetaría la independencia, la soberanía y las fronteras de Ucrania.

El Kremlin también se apresura a recurrir a narrativas sobre armas nucleares para eludir culpas, proferir amenazas prácticamente indisimuladas o recurrir al chantaje nuclear para justificar su guerra de agresión. Dar la imagen de animal acorralado pero, aún así, dotado de armas nucleares (como siempre recalcan los demagogos pro-Kremlin) juega a favor del Kremlin.

Rusia ha empleado sus acusaciones de que Ucrania intenta crear una «bomba sucia» como pretexto para una mayor escalada del conflicto. Ucrania ha invitado al Organismo Internacional de Energía Atómica a examinar las instalaciones que, según Rusia, se utilizan para desarrollar bombas sucias. El OIEA no ha encontrado ninguna prueba que demuestre que Ucrania esté desarrollando materiales nucleares.

Igualmente infundadas son las afirmaciones que aseveran que Ucrania está atentando deliberadamente contra su propia infraestructura civil nuclear. De hecho, Ucrania y EE. UU. han tratado repetidamente de reducir la tensión en torno a la planta nuclear de Zaporiyia, instalación contra la que Rusia ha emprendido numerosas acciones temerarias: ha desplegado equipos militares y tropas en su interior, ha usado sus alrededores como base para ataques con cohetes y misiles, tomando de facto el control de las instalaciones, y ha cortado la conexión a la línea de alimentación principal en múltiples ocasiones. El OIEA no ha confirmado ningún bombardeo o ataque en la planta nuclear antes ni después de las acusaciones del Kremlin al respecto.

Mito 3: Ucrania no existe como estado. Su población ha decidido, mediante referéndums, volver a formar parte de Rusia.

Negar la condición de Estado y la soberanía de Ucrania es otra narrativa de desinformación habitual que los expertos pro-Kremlin llevan difundiendo durante años. El mismo presidente Putin ha tergiversado en ocasiones la historia afirmando que Ucrania no existió hasta que fue creada por los bolcheviques. Pero la verdad es que Ucrania es un estado soberano con su propia identidad y siglos de historia.

De hecho, como hemos mencionado arriba, Rusia reconoció a Ucrania como estado independiente y se comprometió a respetar sus territorios y su soberanía en 1994 cuando firmó el Memorándum de Budapest. Desde entonces, los dirigentes del Kremlin han violado el Memorándum sin ningún miramiento, al tiempo que lanzaban cínicas mentiras sobre el contenido del Memorándum y las supuestas violaciones ucranianas del mismo. Rusia también ha recurrido a referéndums falsos en los territorios ocupados para justificar la vulneración del Memorándum, al tiempo que realizaba apropiaciones territoriales ilegales.

En resumen, el Kremlin ha hecho todo lo posible para socavar la condición de Estado de Ucrania. Dadas las circunstancias, la determinación de la población ucraniana de mantener su identidad y su independencia como Estado es aún más impresionante.

Mito 4: El pueblo «ucraniano» no existe como tal, puesto que en realidad son rusos. Sus líderes nazis y los usurpadores de Occidente les han lavado el cerebro para hacerles creer que son ucranianos.

La población ucraniana que defiende a su país de los ataques rusos en las trincheras no parece tener ninguna crisis de identidad. Saben quién les ataca, quién les ayuda a defenderse y qué defienden.

No obstante, los propagandistas del Kremlin, incluido el propio Putin, suelen hacer circular la descabellada afirmación de que ucranianos y rusos son un solo pueblo que debería estar unido, si bien esto solo puede ser posible bajo la tierna y amorosa mirada de Putin. En esta realidad alternativa, la denominada población ucraniana es víctima de una falsa consciencia inculcada por Occidente que la ha alejado de su verdadera identidad rusa. De hecho, según esta vuelta de tortilla a la lógica, Rusia está salvando a Ucrania al incorporarla de nuevo al mundo ruso.

Siempre resulta complicado convencer a alguien de que conoces sus intereses mejor que él mismo. Y es todavía más complicado convencerlo de que, al bombardearle, lo que estás tratando de hacer es salvarle. Resulta evidente que la población ucraniana y la rusa comparten gran parte de su historia y cultura. La gran ironía de todo esto es que, con su invasión ilegal, Putin ha forzado al pueblo ucraniano a librar una guerra por su independencia que inevitablemente ha reforzado su identidad propia como ucranianos en vez de debilitarla.

Mito 5: Occidente, en particular EE. UU., empezó la guerra en Ucrania. Moscú no tuvo más remedio que defenderse. Ahora lucha contra el poder colectivo de «todo Occidente», que pretende utilizar la guerra para debilitar o destruir Rusia. La ayuda militar de Occidente solamente alarga el sufrimiento de Ucrania.

La actual guerra a gran escala se inició con la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero de 2022. La falsa afirmación que asevera que Occidente, actuando a través de Ucrania, es el verdadero agresor responde a una clásica táctica de desinformación que pretende presentar a Rusia como la víctima de la guerra que ella misma ha provocado. Aunque esta narrativa es claramente absurda, para el entorno informativo cada vez más controlado de Rusia sirve como grito de combate para movilizar el apoyo de la opinión pública a las políticas autoritarias del Kremlin.

Rusa tampoco está luchando contra «todo Occidente». Los expertos pro-Kremlin se dedican a difundir esta narrativa cada vez que Ucrania recibe apoyo militar de sus socios occidentales o cuando Rusia ve peligrar su dominio sobre los territorios temporalmente ocupados en Ucrania. La UE, EE. UU., y muchos Estados miembros de la OTAN han dado apoyo militar a Ucrania para que pueda defenderse de la agresión no provocada de Rusia, pero no han participado en el combate. Occidente no quiere destruir Rusia. Quiere que Rusia deje de tratar de destruir Ucrania.

Mito 6: EE. UU. financia programas secretos de desarrollo de armas biológicas en laboratorios de Ucrania y otros países.

Las historias inventadas sobre «biolaboratorios clandestinos estadounidenses» son un clásico ejemplo de teoría conspirativa combinada con una táctica alarmista, a menudo utilizada por el Kremlin para distraer y confundir. El ecosistema de desinformación pro-Kremlin inicialmente la utilizó para obstaculizar la asociación entre EE. UU. y Ucrania para reducir las amenazas biológicas y más adelante reutilizó una antigua campaña de desinformación para justificar la invasión no provocada de Ucrania por parte de Rusia.

La desinformación pro-Kremlin pretende desdibujar la línea que separa las armas biológicas de la investigación biológica, infundiendo miedo al tiempo que desacredita a Ucrania. Fuentes autorizadas, como Izumi Nakamitsu, la alta representante de la ONU para Asuntos de Desarme, han desmentido en repetidas ocasiones las acusaciones de que se están utilizando en Ucrania laboratorios biológicos financiados por los Estados Unidos con fines militares.

Mito 7: Las sanciones que Occidente ha impuesto contra Rusia son ilegales, desestabilizan la economía mundial y elevan el coste de vida para los ciudadanos de a pie de todo el mundo. Las sanciones fortalecen a Rusia al tiempo que tienen un efecto bumerán para las economías europeas. La ciudadanía de la UE protesta contra las sanciones y los dirigentes que las han aprobado.

La desinformación pro-Kremlin sobre la UE y las sanciones de Occidente es un popurrí de contradicciones. Por una parte, las sanciones son una forma de coerción ilegal y desestabilizadora, pero, por otra, no funcionan e incluso fortalecen a Rusia. Esta narrativa de desinformación minimiza el impacto de las sanciones ante la opinión pública rusa y crea la falsa impresión de que la UE se derrumba. En el plano internacional, el Kremlin quiere avivar los temores infundados de que las medidas que Occidente ha tomado contra Rusia tienen consecuencias negativas a escala mundial.

Todas las sanciones de la UE cumplen plenamente con las obligaciones del derecho internacional. Las sanciones están reduciendo los medios de Rusia para financiar la guerra y adquirir componentes clave para su complejo militar-industrial.

A principios de 2024, el Servicio de Estadística Estatal de la Federación Rusa, Rosstat, informó de que la economía rusa creció más de un 3 % en 2023. Pero muchos economistas creen que los datos económicos de Rusia carecen de transparencia y fiabilidad y algunos apuntan a que las estadísticas están distorsionadas.

Incluso si se toman las cifras de Rusia al pie de la letra, los datos macroeconómicos aparentemente positivos del país son en gran medida fruto de su giro hacia una economía de guerra. Esta transición se centra principalmente en la producción industrial de equipos militares para la invasión de Ucrania, la mayoría de los cuales terminan siendo posteriormente destruidos o utilizados en el campo de batalla, lo que lleva a descuidar otros sectores económicos. La inversión extranjera directa ha caído a niveles insignificantes.

Según los datos analizados por el Instituto de Economías Emergentes del Banco de Finlandia, el hecho de que la recuperación de Rusia dependa de sectores relacionados con la guerra hace cada vez más difícil que Rusia mantenga su actual ritmo de crecimiento del PIB. El constante aumento del gasto público es insostenible y, como ya se ha notificado, la industria militar se enfrenta a limitaciones de capacidad. El enfoque actual en la producción militar ha desviado recursos de las industrias civiles de Rusia, lo que dificulta que el crecimiento a largo plazo se base en los sectores que suelen constituir la columna vertebral de las economías avanzadas. Además, el gasto militar de Rusia es extremadamente alto. Por ejemplo, el ataque masivo con misiles contra Ucrania del 2 de enero de 2024 tuvo un coste de 620 millones de dólares para Rusia.

Simultáneamente, el rublo se ha devaluado de forma significativa. La inflación se ha disparado y hay indicios de recalentamiento económico. A consecuencia de todo ello, cada vez son más los ciudadanos rusos que sienten la presión financiera de la guerra en su día a día.

Mito 8: Europa es débil y está dividida. La UE y sus dirigentes son simples marionetas de EE. UU. Las sanciones de la UE provocaron una escasez mundial de alimentos al prohibir los productos agrícolas de Rusia y una crisis energética al vetar las importaciones de petróleo y gas rusos.

Los medios pro-Kremlin describen habitualmente a los Estados europeos como marionetas o vasallos de EE. UU. y de la OTAN para menoscabarlos. Véase nuestro análisis de las afirmaciones del Kremlin sobre la pérdida de soberanía de la UE. Sin embargo, en febrero de 2024, la supuestamente débil y dividida UE consiguió reunir la voluntad política necesaria para aprobar un Mecanismo por valor de 50 000 millones de euros destinado a financiar la recuperación de Ucrania.

La UE no es el enemigo de Rusia. Pero las relaciones bilaterales se han visto gravemente afectadas por la invasión no provocada, injustificada y a gran escala de Ucrania por parte de Rusia. El Consejo Europeo ha adoptado 12 paquetes de sanciones contra Rusia y Bielorrusia. Estas restricciones pretenden debilitar la capacidad de Rusia para financiar la guerra y van específicamente dirigidas contra las élites políticas, militares y económicas responsables de la invasión. La UE, con sus sanciones a Rusia, quiere enviar al Kremlin una clara señal de determinación y unidad, y mermar así la capacidad bélica rusa.

En cuanto al impacto internacional de las sanciones, cabe señalar que las sanciones de la UE tienen importantes exenciones. Excluyen de forma explícita los suministros alimentarios y los fertilizantes. Una de las principales causas de la subida de los precios energéticos no fueron las sanciones, sino la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2022.

Mito 9: Los Estados europeos necesitan desesperadamente el petróleo y el gas rusos y, sin ellos, se derrumbarán.

El Kremlin tiene una larga tradición en lo que se refiere a usar la energía como arma política en sus relaciones exteriores y la desinformación es una parte integral de dicha estrategia. Solo que esta vez, la táctica del Kremlin de intimidar a la UE mediante la interrupción de los flujos de gas fracasó estrepitosamente, ya que Europa no llegó precisamente a congelarse en invierno. Cuando Rusia exigió que Europa eligiera entre Ucrania y la energía rusa, la respuesta europea fue inequívoca: Ucrania.

La UE y sus Estados miembros adoptaron rápidamente varias contramedidas para incrementar la seguridad energética, como los planes REPowerEU y «Ahorrar gas para un invierno seguro», que consistió en una reducción voluntaria de las demandas de gas en un 15 %. Las reservas de gas subterráneas de la UE se llenaron y, en febrero de 2024, superaban el 80 %. Europa también diversificó sus importaciones de gas y evitó el chantaje energético ruso.

La desinformación pro-Kremlin también trata de abrir brechas entre los socios transatlánticos sugiriendo falsamente que la UE ha perdido su soberanía. Concretamente, los medios afirman que EE. UU. ha subyugado a la UE y se beneficia de la agitación en los mercados energéticos mundiales. No obstante, la diversificación de los suministros de energía es una de las bases de la política de la UE en materia energética. Contribuye a reforzar la seguridad energética europea al evitar la monopolización y al introducir más competencia en el mercado energético.

Mito 10: La victoria de Rusia en Ucrania es inevitable. Ucrania y Occidente deberían aceptarlo y dejar de rechazar las negociaciones de paz. La opinión pública mundial apoya más a Rusia que a Occidente o Ucrania.

Desde que Rusia inició su «guerra de tres días», Ucrania ha logrado frenar el avance de los invasores, dar la vuelta a la situación y liberar un territorio considerable del control militar temporal ruso. Las fuerzas ucranianas también han mermado seriamente los activos militares rusos.

La perseverancia de Ucrania ante la brutal agresión rusa ha puesto de manifiesto el verdadero significado de la valentía. El apoyo militar que Occidente proporciona a Ucrania marca la diferencia día tras día en el campo de batalla, al contribuir a que Ucrania pueda ejercer su derecho de legítima defensa, el cual se recoge en la Carta de las Naciones Unidas.

Las propuestas rusas de alto al fuego o de negociaciones paz no son sinceras, sino un mero ardid propagandístico. Si se analizan detenidamente, ponen de manifiesto las exigencias imperialistas rusas que buscan que Ucrania claudique y ceda más territorio y soberanía.

El verdadero camino hacia la paz implica la retirada total de las fuerzas rusas más allá de las fronteras internacionalmente reconocidas de Ucrania, así como el abandono total de su política de agresión. Rusia inició en Europa una guerra no provocada en flagrante incumplimiento del derecho internacional, especialmente de la Carta de las Naciones Unidas. La paz no puede lograrse dejando que una Ucrania desarmada se enfrente a una Rusia sumamente militarizada que niega su soberanía y no esconde los llamamientos populares al genocidio.

En cuanto al apoyo mundial, cabe señalar que unos 40 países, entre ellos la mayoría de las naciones occidentales, siguen prestando ayuda militar, humanitaria y financiera a Ucrania, incluida China. Varios grupos internacionales de derechos humanos, entre ellos Human Rights Watch, publicaron recientemente un informe en el que piden que Putin y otros altos cargos rusos sean investigados por crímenes de guerra en relación con el asalto ruso a la ciudad ucraniana de Mariúpol. Y la Asamblea General de las Naciones Unidas ha exigido por abrumadora mayoría que Rusia retire todas sus fuerzas militares del territorio de Ucrania.

Rusia, por otro lado, cuenta con los siguientes países como firmes aliados: Bielorrusia, la República Popular Democrática de Corea, Eritrea y Siria.

Mito 11: Rusia está librando una guerra santa contra la impía Ucrania para proteger los valores tradicionales. Rusia es la verdadera protectora del cristianismo y de toda la fe. Ucrania, usurpada por los paganos sin Dios del régimen de Kiev, es esencialmente malvada.

Rusia se ha referido en varias ocasiones a estar librando una lucha santa contra el mismísimo Satanás para justificar su guerra contra Ucrania. Durante las primeras semanas y meses de la guerra, el Kremlin utilizó las acusaciones de alianza impía de Ucrania con las fuerzas del infierno para explicar la falta de avances rusos en el campo de batalla.

A menudo, los expertos en desinformación pro-Kremlin, especialmente Vladimir Solovyov, difunden esta narrativa de desinformación junto con acusaciones infundadas contra Ucrania y Occidente por, supuestamente, tratar de destruir a la Iglesia Ortodoxa. Esta táctica de manipulación cobró fuerza en 2019, momento en que se concedió a la Iglesia Ortodoxa de Ucrania el estatus de iglesia independiente, y otra vez en noviembre de 2022, tras el anuncio del gobierno ucraniano de que elaboraría una ley para prohibir las iglesias afiliadas a Rusia.

Esta demonización de Ucrania y de sus aliados en Occidente, tachándoles de paganos sin Dios, se enmarca en la narrativa de desinformación pro-Kremlin que asevera que Occidente quiere destruir los «valores tradicionales», mientras que Rusia los protege. Esta narrativa de desinformación, que insta a la protección de los valores tradicionales, está plagada de desinformación sobre la comunidad LGBTIQ+, que a menudo cruza la línea de la abierta incitación al odio.

Mito 12: En Ucrania, Rusia está luchando contra el imperialismo y el neocolonialismo de Occidente y a favor de constituir un orden mundial multipolar en el que los países no interfieran en los asuntos internos de los demás.

El régimen del Kremlin lleva mucho tiempo tratando de venderse como antimperialista y anticolonialista. Sin embargo, la brutal guerra de agresión de Rusia contra Ucrania ha dejado al descubierto las propias ambiciones imperiales y coloniales rusas con respecto a sus países vecinos en Europa, el Cáucaso y Asia.

Al iniciar una guerra en el este de Ucrania en 2014, anexionarse ilegalmente Crimea ese mismo año e iniciar una invasión a gran escala en 2022, Rusia ha violado gravemente el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas, lo que representa una amenaza para la paz mundial, la seguridad global y la estabilidad.

El 2 de marzo de 2022, la Asamblea General de las Naciones Unidas, adoptó, por abrumadora mayoría, una decisión en la que rechazaba la brutal invasión de Ucrania por parte de la Federación Rusa y exigía que Rusia retirara de inmediato sus fuerzas del territorio ucraniano y respetara el derecho internacional.

En octubre de 2022, una amplia mayoría de la Asamblea General de las Naciones Unidas votó a favor de condenar los intentos de Rusia de anexarse cuatro regiones temporalmente ocupadas de Ucrania tras la celebración de fraudulentos referéndums.

La condena mundial de la agresión militar perpetrada por Rusia contra un pacífico país vecino demuestra que Rusia está sola y aislada.

Mito 13: Ucrania es un Estado nazi dirigido por líderes nazis. Su mera existencia es una amenaza para Rusia. Rusia está luchando para preservar la historia. Toda Europa apoyó la invasión alemana nazi de la Unión Soviética, al igual que apoyan ahora a la Ucrania nazi. Rusia sigue fraguando la Gran Guerra Patria en Ucrania para librar al mundo de los nazis.

Quizás el mito fundacional de la agresión rusa contra Ucrania radique en la afirmación de que, de algún modo, Ucrania, la población ucraniana y todo lo relacionado con la ucranidad es nazi. Esta afirmación siempre ha sido absurda, e incluso podríamos reírnos de ello si las intenciones del Kremlin de actuar en consecuencia no fueran mortíferas. Sin esta campaña de desprestigio, los líderes rusos no podrían justificar su agresión contra Ucrania. Por ello repiten la misma narrativa una, otra y otra vez.

Pero este mito sirve para mucho más que para justificar la invasión ilegal perpetrada por Rusia. También constituye la base para el genocidio que Rusia pretende llevar a cabo contra la lengua, la cultura, el Estado e incluso el pueblo ucranianos, como ya hemos señalado en ocasiones anteriores. En la imaginación de los nacionalistas radicales rusos, Ucrania es la «antirrusia» que se opone a Rusia, como la antimateria se opone a la materia, y su mera existencia es una amenaza mortal. El Kremlin termina tachando de nazi a todo aquel que se opone a la agresión rusa contra Ucrania, incluyendo, por ejemplo, a Canadá.

Llevamos años siguiendo de cerca el uso que hace el Kremlin de la narrativa del «espectro nazi». El Kremlin ha utilizado sistemáticamente esta oportunista desinformación durante toda la guerra para deshumanizar y vilipendiar al pueblo ucraniano. La imagen que Putin quiere transmitir de Rusia como la domadora moderna del nazismo es un ejemplo clásico de proyección, es decir, la forma que tiene el Kremlin de eludir toda culpa de sus propias fechorías.

Las afirmaciones de que toda Europa apoyó la invasión de la Unión Soviética por la Alemania nazi son totalmente descabelladas. Se dedican a tergiversar la historia sin ningún tipo de reparo. De hecho, en 1942, la coalición antihitleriana incluía a 26 estados, así como a los gobiernos en el exilio de los países europeos ocupados. La apelación de Rusia a la lucha contra el nazismo para provocar una reacción psicológica o emocional contundente no solo es una forma de manipulación, sino que es totalmente absurda, sobre todo si se tiene en cuenta que el Kremlin ha adoptado ahora una retórica abiertamente antisemita.

 

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