El Kremlin adorna por adelantado el árbol navideño de la desinformación en las Naciones Unidas
En su discurso durante la semana de reuniones de alto nivel de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, inauguró la Navidad antes de tiempo adornando con una serie de discursos antioccidentales, antieuropeos y pro-Kremlin un auténtico árbol de Navidad de la desinformación.
Putin, el jefe de Lavrov, no pudo asistir a las reuniones en Nueva York porque está en busca y captura por la deportación de niños ucranianos. Y como no quería que un subordinado suyo le dejara atrás en la ingente tarea de verter desinformación, Putin añadió un par de falsedades y tergiversaciones más al árbol ya adornado con las mentiras de Lavrov.
Siguiendo con la alegoría, las narrativas de desinformación rusas son como las decoraciones navideñas que sacamos del trastero año tras año: suelen ser siempre las mismas, son poco originales y cumplen su propósito principalmente porque son reconocibles y repetitivas. Por cada afirmación absurda del discurso de Lavrov, hay cientos de casos de desinformación registrados en nuestra base de datos.
La trillada narrativa de «culpar a Occidente», nuevamente en escena
Empecemos con la idea de que todos los males son consecuencia del supuesto deseo de «Occidente» de dominar el mundo. Lavrov recurrió a esta narrativa en prácticamente todos los temas que abordó: Oriente Medio, Ucrania, las reformas de la ONU y del Consejo de Seguridad, la región del Indo-Pacífico, la guerra de Rusia contra Georgia y las relaciones entre Armenia y Azerbaiyán.
La ambigüedad del término «Occidente» resulta ideal si intentas crear un enemigo imaginario. Y el Kremlin acostumbra a usarlo para describir a EE. UU., Reino Unido y la UE. La desinformación rusa está obsesionada con la supuesta existencia de confabulaciones por parte de Reino Unido o de los «anglosajones» para influir en la política mundial, una noción que resulta algo anticuada y más bien propia de la época anterior a la Segunda Guerra Mundial. De hecho, incluso la teoría conspirativa que Lavrov empleó en su discurso para respaldar esta idea se basa en documentos británicos de 1945.
El mito del «expansionismo de la OTAN»
Como Occidente es culpable de todo, según el discurso de Lavrov, lo es especialmente también de la brutal invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia. En primer lugar porque rompió la promesa de no ampliar la OTAN. El «expansionismo de la OTAN» es otra narrativa de desinformación que Rusia intenta hacer pasar por verdad a base de repetirla una y otra vez. En realidad, la idea misma de la «expansión de la OTAN» ya es parte de la desinformación.
Los países independientes son libres de ejercer su soberanía para definir su propia política exterior y buscar los acuerdos de seguridad que consideren oportunos. Esto incluye, si así lo deciden, la posibilidad de solicitar la adhesión a la OTAN y comprometerse con los principios fundamentales de la Alianza: democracia, libertad y estado de derecho. Nadie podría haber prometido que la OTAN no se ampliaría, ya que así no es como funciona la organización.
La bondadosa Rusia, protectora del pueblo
En segundo lugar, Lavrov trató de justificar la brutal invasión de Ucrania por parte de Rusia tergiversando el capítulo de la Carta de las Naciones Unidas que establece la obligación de respetar la autodeterminación de los pueblos. Esta narrativa manipuladora sostiene que la población de los territorios ucranianos temporalmente ocupados eligió unirse a Rusia y que era necesario proteger al pueblo ucraniano, especialmente a la población rusófona, de la agresión por parte de Ucrania.
Evidentemente, la autodeterminación no es algo que un país pueda elegir para los territorios de un país vecino. Resulta totalmente absurdo escuchar a un político ruso hacer este tipo de declaraciones mientras su régimen se esfuerza a diario por aniquilar al pueblo ucraniano, a los tártaros de Crimea y a muchos otros por atreverse a ejercer el derecho a la autodeterminación que el Kremlin tanto se jacta de defender.
Vino viejo en odres viejos
Putin también eligió adornar el árbol de desinformación de Lavrov con mentiras acerca de los territorios temporalmente ocupados de Ucrania. «Felicitó» a la población de los territorios ucranianos temporalmente ocupados con motivo del «Día de la reunificación con Rusia» y repitió las mismas mentiras de siempre sobre su supuesta liberación de esas zonas de la «dictadura neonazi de Kiev respaldada por Occidente».
En su discurso, Putin recurrió a uno de sus recursos desinformativos favoritos para adornar el árbol: afirmar que las «élites occidentales» estaban preparando al ejército ucraniano para atacar las regiones del Dombás y Crimea, bajo ocupación rusa, y que ese era el motivo por el que Rusia había lanzado su invasión.
Con esta mentira se trata de distorsionar el actual apoyo a la autodefensa ucraniana para intentar hacer creer que es la causa de la invasión por parte de Rusia. Las mentiras de Putin fueron tan repetitivas como el discurso de Lavrov en la ONU.
Saboteadores y terroristas por todos lados
Lavrov aseguró que el sabotaje del gasoducto Nord Stream fue un complot de EE. UU. destinado a debilitar la competitividad de la UE. En realidad, EE. UU. y la UE son estrechos socios económicos y las investigaciones sobre el sabotaje del gasoducto todavía están en curso.
También acusó falsamente a las naciones occidentales de ser responsables del terrorismo global y de haber iniciado una guerra de sanciones contra la mayoría de los países del mundo. Sin embargo, en el pasado, la OTAN y Rusia trabajaron conjuntamente para combatir el terrorismo.
Las sanciones de Occidente tienen como objetivo impedir que la maquinaria de guerra rusa conlleve el asesinato de civiles ucranianos, como ocurrió en la masacre de Bucha. En el mismo discurso, Lavrov también responsabilizó a Occidente por esta atrocidad.
La única paz real es la de Putin
Aunque uno de los principales objetivos de la ONU es garantizar la paz mundial, nada de lo que dijo Lavrov sugiere que Rusia pueda estar interesada en poner fin en un futuro próximo a su agresión militar contra Ucrania. Descalificó las iniciativas de paz ucranianas tratándolas de «callejones sin salida» y repitió la mentira de que la propuesta de paz de Putin de junio de 2024 es realista, a pesar de que se trata únicamente de un llamamiento a la rendición de Ucrania. Para el Kremlin, desestimar los esfuerzos de Ucrania por alcanzar una paz justa y duradera también implica menospreciar el «plan para la victoria» de Zelenski y acusar falsamente a Ucrania de intentar arrastrar a la OTAN a una guerra directa con Rusia.
El emperador no tiene amigos
Lavrov utilizó su turno de palabra en la ONU para difundir mentiras y tergiversaciones flagrantes, que luego pudieran ser amplificadas por medios pro-Kremlin y de desinformación. Sin embargo, también tenía otra misión importante en Nueva York: proyectar la imagen de que Rusia no está cada vez más aislada en el ámbito internacional.
Al Kremlin le gusta concebirse como líder de una «mayoría global» compuesta por países de América, África y Asia históricamente colonizados. Los comentarios de Lavrov sobre las «prácticas neocolonialistas» de los países occidentales seguramente buscaban ganarse la simpatía de los representantes de esas naciones.
La realidad del aislamiento ruso se evidenció nuevamente cuando sus diplomáticos no lograron frenar una ambiciosa propuesta del Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, destinada a revitalizar la ONU. Un total de 143 países votaron a favor de la iniciativa, mientras que solo Rusia y otras seis naciones se opusieron.
Rusia, parte de la vieja Europa
Es evidente que este traspié fue doloroso para Lavrov, quien lo mencionó nada más empezar su discurso. También se mostró molesto por el hecho de que Guterres recordara al mundo que Rusia se beneficia injustamente de la actual configuración del Consejo de Seguridad de la ONU, que cuenta con tres miembros permanentes europeos y ninguno africano.
Lavrov dijo en su propia conferencia de prensa que había preguntado a Guterres si «realmente creía que Rusia era igual que Londres y París». A lo que Guterres respondió: «Por supuesto que sí, ¿quiénes son ustedes, si no?»
Caer en tus propias mentiras es una de las razones por las que la desinformación resulta tan peligrosa. Los destinatarios de la desinformación pueden confiar o no en ella, pero quienes la difunden empezarán a creerse sus propias mentiras tarde o temprano. Las consecuencias pueden llegar a ser devastadoras.
Que sirva como recordatorio de esto el hecho de que el adorno de la «mayoría global» con el que Rusia ha decorado este año su árbol en la ONU haya acabado hecho añicos.
No se deje engañar.

También bajo nuestro radar de desinformación esta semana:
La UE es el mayor espacio económico del mundo, representa el 14 % del comercio mundial de mercancías y es el mayor comerciante de bienes manufacturados y servicios. Es el principal socio comercial de ochenta países y ocupa el primer lugar en inversiones internacionales tanto entrantes como salientes. No obstante, estos hechos no impiden que los propagadores de desinformación pro-Kremlin sigan difundiendo historias sobre la supuesta catastrófica situación de la economía europea. Su objetivo es desacreditar a la Unión ante la opinión pública internacional y socavar la moral de la ciudadanía de la UE. En la actualidad, estas historias suelen estar relacionadas con bulos sobre la dependencia de los hidrocarburos rusos, si bien los propagandistas rusos y soviéticos llevan más de un siglo utilizando versiones de esta clásica narrativa del «colapso inminente».
Ucrania sigue siendo el principal blanco de las campañas de desinformación rusas. Para los propagadores de estas mentiras no hay afirmación que resulte demasiado descabellada ni parecen existir límites en su nivel de perversidad. Esta historia en particular sostiene que Ucrania trafica con los órganos de sus propios soldados caídos. El sensacionalismo es una de las principales tácticas utilizadas por la desinformación pro-Kremlin. Ya se han hecho acusaciones previas de tráfico de órganos contra la OTAN, los Cascos Blancos sirios, la mujer del expresidente georgiano Míjeil Saakashvili y los dirigentes de Kosovo. El trasplante de órganos es imposible en condiciones de guerra y esta afirmación infundada simplemente sirve para demonizar al ejército ucraniano y desviar la atención de los crímenes cometidos por Rusia.
Terminar con el apoyo a Ucrania también es una de las prioridades de la agenda pro-Kremlin, por lo que no dudan en aprovechar los acontecimientos y catástrofes que ocurren a nivel local para promover este mensaje. Durante las recientes inundaciones en el sur de Polonia, una mujer que supuestamente había sido evacuada publicó en Facebook que su hija contrajo neumonía porque las alojaron en una fría escuela en lugar de en un hotel que ya estaba totalmente ocupado por refugiados ucranianos. La publicación resultó ser falsa, ya que una cuenta con el mismo nombre y foto de perfil publicó posteriormente que no había sido evacuada y que no tenía ninguna hija. Crear publicaciones falsas utilizando capturas de pantalla de las redes sociales es una táctica de desinformación descrita en recientes filtraciones sobre la Agencia Rusa de Diseño Social (SDA). Cuando las autoridades polacas alertaron sobre el aumento de la desinformación rusa y bielorrusa relacionada con las inundaciones, esos mismos avisos se utilizaron como base para difundir discursos desinformativos sobre la «rusofobia» de Polonia.